Redacción (Madrid)

Hay paisajes que parecen haber sido inventados por un pintor que no conocía los límites de la naturaleza. En el desierto de Nevada, en una región donde la tierra se extiende seca y silenciosa bajo un cielo casi interminable, existe uno de ellos. Se llama Fly Geyser y parece una criatura llegada de otro planeta: una formación de roca cubierta de colores intensos, con agua caliente escapando continuamente hacia el cielo. Pero lo más curioso de este lugar es que su origen no pertenece completamente a la naturaleza. Fly Geyser nació accidentalmente durante una perforación realizada en 1964 en busca de agua geotérmica. El pozo no fue sellado correctamente y, con el paso de los años, el agua caliente comenzó a salir a la superficie, acumulando minerales y construyendo lentamente la formación que hoy se contempla.

Un géiser nacido de un accidente

La historia de Fly Geyser tiene algo de paradoja. El ser humano llegó hasta allí buscando agua y terminó creando, sin proponérselo, uno de los paisajes más extraños de Nevada. El agua subterránea, cargada de minerales, fue depositándose alrededor de la salida del pozo. Poco a poco se formó un pequeño montículo que continuó creciendo con el paso del tiempo. Hoy, varias estructuras minerales se levantan sobre el terreno y el agua caliente sigue brotando desde su interior. El resultado parece una pequeña montaña de otro mundo, coronada por chorros de agua y vapor. La naturaleza hizo el resto.

Un paisaje pintado con minerales

Quizá lo que más sorprende cuando se contempla Fly Geyser no sea su tamaño, sino su color. Rojos, verdes, amarillos, blancos y anaranjados aparecen sobre las paredes minerales. Las tonalidades proceden principalmente de los depósitos minerales y de microorganismos termófilos que viven en las aguas calientes. En medio del desierto de Nevada, aquellas manchas de color parecen casi imposibles. Alrededor, el paisaje continúa siendo austero: tierra seca, montañas lejanas y una extensión enorme de cielo. Y en mitad de todo aquello, el géiser, como si alguien hubiera dejado una pieza de otro planeta en medio del desierto.

El desierto de Black Rock

Fly Geyser se encuentra en el entorno del desierto de Black Rock, una de las grandes extensiones áridas del estado de Nevada. Es un territorio conocido por sus paisajes abiertos y por la enorme superficie plana de su playa de sal, pero también por la sensación de aislamiento que produce. Aquí las distancias engañan. El horizonte parece cercano y, sin embargo, puede encontrarse muy lejos. Las montañas se mantienen inmóviles a kilómetros de distancia y el viento recorre la superficie del desierto sin encontrar demasiados obstáculos. Es el tipo de paisaje que hace comprender por qué el oeste estadounidense ha alimentado durante tanto tiempo la imaginación de los viajeros. Una tierra enorme, una carretera y un horizonte que parece no terminar.

Un lugar que no se contempla desde cualquier sitio

A diferencia de otros grandes atractivos naturales de Nevada, Fly Geyser no funciona como un monumento abierto al visitante que puede aparecer allí en cualquier momento. Se encuentra dentro del Fly Ranch, una propiedad privada gestionada por Burning Man Project. El acceso está regulado y depende de las visitas y actividades autorizadas por la organización. Esta circunstancia ha contribuido a preservar buena parte del carácter remoto del lugar. No existe la sensación de llegar a una atracción turística convencional rodeada de tiendas y grandes aparcamientos. El géiser permanece allí, apartado. Y quizá eso sea parte de su encanto.

El agua que construye una montaña

El fenómeno continúa evolucionando. Cada vez que el agua caliente emerge y se enfría, deja detrás pequeñas cantidades de minerales. Con el tiempo, esas capas se acumulan y modifican lentamente la forma de las estructuras. Es un proceso que ocurre sin prisa, milímetro a milímetro, día tras día. La imagen que contempla un viajero hoy no será exactamente la misma dentro de décadas. Y quizá esa sea una de las ideas más fascinantes de Fly Geyser: no estamos ante una escultura terminada, sino ante un paisaje que continúa construyéndose.

Entre la naturaleza y la intervención humana

Fly Geyser plantea también una cuestión interesante sobre nuestra relación con el paisaje. No es completamente natural en su origen. Tampoco puede considerarse simplemente una construcción humana. Es el resultado de ambas cosas. Una perforación realizada por personas abrió una puerta hacia el subsuelo y, después, los procesos geotérmicos y minerales se encargaron de transformar aquel error en una formación extraordinaria. Es difícil encontrar una metáfora mejor para algunos de los paisajes del oeste estadounidense: lugares donde la presencia humana y la fuerza de la naturaleza terminan mezclándose hasta resultar inseparables.

Cuando el desierto se vuelve extraño

Al contemplar Fly Geyser, uno tiene la sensación de estar frente a algo que no debería encontrarse allí. El desierto suele asociarse con colores ocres, rocas desnudas y silencio. Fly Geyser rompe esa imagen. El agua introduce movimiento, los minerales introducen color, el vapor cambia constantemente la apariencia del paisaje y el sol de Nevada convierte cada superficie húmeda en un pequeño espejo. Durante unos minutos, el desierto parece abandonar la Tierra. Luego todo vuelve a quedar en silencio.

Un rincón diferente de Nevada

Nevada tiene fama de luces, casinos y grandes ciudades construidas en medio del desierto. Pero lejos de Las Vegas existe otro estado mucho más silencioso, donde las carreteras se pierden entre montañas, los espacios naturales parecen infinitos y todavía pueden encontrarse lugares capaces de sorprender al viajero. Fly Geyser pertenece a esa Nevada desconocida. No tiene el tamaño de un gran parque nacional. No posee la fama de otros paisajes del oeste. Pero quizá precisamente por eso resulta tan fascinante: porque obliga a detenerse frente a algo que parece imposible. Un géiser de colores en mitad del desierto. Una montaña que nació de un accidente. Un paisaje que todavía continúa creciendo.

Y cuando el viajero se marcha, queda atrás el agua caliente elevándose lentamente sobre las tierras áridas de Nevada. El desierto recupera su silencio. Pero Fly Geyser continúa allí, cambiando poco a poco, como si la tierra siguiera trabajando en secreto.

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