Giethoorn, el pueblo holandés donde el silencio navega por los canales

Redacción (Madrid)

Giethoorn, un pequeño pueblo situado en la provincia de Overijssel, al noreste de los Países Bajos, parece sacado de una postal. Conocido popularmente como “la Venecia del Norte”, este enclave destaca por la ausencia casi total de carreteras y por una red de canales que vertebra la vida cotidiana de sus poco más de 2.800 habitantes. Casas con tejados de paja, puentes de madera y jardines perfectamente cuidados componen un paisaje que ha convertido al pueblo en uno de los destinos más fotografiados del país.


El origen de Giethoorn se remonta al siglo XIII, cuando un grupo de colonos se asentó en la zona para extraer turba. La excavación de este material dio lugar a los canales que hoy definen el pueblo, mientras que las estrechas franjas de tierra entre ellos se utilizaron para construir viviendas. El nombre de Giethoorn, según la tradición, proviene de los numerosos cuernos de cabra (“geitenhoorns”) encontrados tras una gran inundación, un detalle que refuerza el vínculo del lugar con la naturaleza y la historia.


La vida en Giethoorn transcurre a un ritmo pausado. Las embarcaciones eléctricas, conocidas como whisper boats, sustituyen al tráfico rodado y permiten desplazarse en silencio por los canales. Los vecinos se mueven entre casas, tiendas y cafés cruzando pequeños puentes, mientras el sonido del agua y de las aves acuáticas domina el ambiente. Esta forma de vida, poco común en la Europa moderna, es uno de los principales atractivos para quienes buscan tranquilidad y autenticidad.


El turismo, sin embargo, ha transformado el pueblo en las últimas décadas. Cada año, cientos de miles de visitantes, especialmente procedentes de Asia y del resto de Europa, recorren sus canales y calles. Aunque esta afluencia ha impulsado la economía local mediante restaurantes, hoteles y comercios, también ha generado debates sobre la sostenibilidad y la preservación del carácter original del pueblo.


A pesar de estos desafíos, Giethoorn sigue siendo un símbolo del equilibrio entre tradición y modernidad en Holanda. Las autoridades locales y los vecinos trabajan para proteger su patrimonio arquitectónico y natural, conscientes de que su mayor riqueza reside en aquello que lo hace único. En un país famoso por su ingeniería y urbanismo, este pequeño pueblo recuerda que la identidad holandesa también se construye desde la calma, el agua y la historia compartida.

Los destinos más exóticos do nde disfrutar de la Navidad

Redacción (Madrid)

Pasar las navidades lejos del invierno habitual, del bullicio consumista o de las tradiciones de siempre puede convertirse en una experiencia tan renovadora como inolvidable. Cada vez más viajeros buscan destinos exóticos para vivir estas fechas de una forma distinta: bajo el sol, rodeados de selvas, en islas perdidas o incluso inmersos en culturas donde la Navidad apenas existe. El resultado es una celebración más contemplativa, íntima y sorprendente, donde el espíritu festivo adopta nuevos colores, sabores y ritmos.

Imagina recibir el 25 de diciembre en las playas de Zanzíbar, acariciado por un océano color turquesa y la brisa perfumada de especias. Aquí la Navidad se siente ligera, relajada, casi silenciosa, y la jornada se convierte en un homenaje a la calma absoluta. Las aldeas pesqueras, con sus barcas balanceándose suavemente, recuerdan que también hay una forma muy sencilla, casi primitiva, de celebrar el final del año: mirando al mar, sin más pretensión que dejarse abrazar por la naturaleza.

En el lado opuesto, Sri Lanka ofrece un diciembre exuberante, donde lo espiritual convive con la aventura. Sus templos budistas, envueltos en incienso, invitan a una introspección que contrasta con las rutas por plantaciones de té o los safaris entre elefantes y leopardos. Aquí, la Navidad se vuelve un punto de inflexión: un paréntesis para redescubrir el mundo sin adornos, rodeado de bosques tropicales y sonrisas hospitalarias.

Quienes buscan una mezcla de celebración y exotismo encuentran en Ciudad del Cabo un equilibrio perfecto. Mientras en Europa o América el frío dicta el ritmo de las fiestas, en Sudáfrica llega el verano, y el espíritu navideño se vive entre viñedos, acantilados y mercados al aire libre. Los brindis se hacen con vinos locales, las reuniones se trasladan a terrazas abiertas y el paisaje —montañas y océano encontrándose— convierte cada fotografía en una postal vibrante.

En el sudeste asiático, Camboya ofrece una Navidad distinta, marcada por la majestuosidad de Angkor Wat. Caminar entre sus templos milenarios al amanecer, con la luz dorada filtrándose entre las piedras, es una forma única de despedir el año: más mística, más reflexiva. Después, las ciudades como Battambang o Phnom Penh suman ese toque humano y cálido que caracteriza al país, donde el viajero se siente acogido incluso sin compartir la misma tradición festiva.

Y luego está la opción más radical: pasar la Navidad en las islas de la Polinesia Francesa. Aquí, el tiempo parece diluirse. No hay prisa, los colores se saturan, el mar es un espejo que hipnotiza y cada comida —a base de pescado fresco, coco y frutas tropicales— recuerda que la naturaleza puede ser el banquete más lujoso. Es la alternativa perfecta para quienes quieren desconectar por completo y sentir que diciembre puede ser, simplemente, verano eterno.

Optar por destinos exóticos para celebrar la Navidad no significa renunciar a la magia de estas fechas, sino reinterpretarla. En lugar de luces artificiales, se sustituyen por cielos estrellados; en vez de frío, calor; en lugar de tradición, descubrimiento. Lo esencial permanece: el deseo de parar, de mirar alrededor y de agradecer. Solo cambia el escenario, y a veces, eso es justo lo que necesitamos para que el final del año se vuelva inolvidable.

España y su arquitectura surrealista, un viaje turístico al país de lo imposible

Redacción (Madrid)

España es un país donde la realidad suele comportarse con una ligera inclinación hacia lo fantástico. No sorprende, entonces, que la arquitectura surrealista haya encontrado aquí un terreno fértil para expandirse como una forma de arte total: libre, provocadora y capaz de convertir el espacio construido en un escenario onírico. Este ensayo propone un viaje turístico por algunos de los enclaves más singulares donde lo irracional cobra forma física, invitando al viajero a perderse —literal y metafóricamente— en el territorio del sueño.

Para hablar de surrealismo arquitectónico en España, es inevitable comenzar en Barcelona, en los dominios de Antoni Gaudí. Aunque técnicamente su estilo se inscribe en el modernismo catalán, su obra se percibe como una materialización temprana del imaginario surrealista.

La Sagrada Familia, con sus torres orgánicas y fachadas que parecen haber brotado de un bosque mitológico, continúa desafiando los límites entre naturaleza, matemática y fe. Pasear por su interior —bañado por luces multicolores que se filtran por las vidrieras— es equivalente a entrar en un caleidoscopio espiritual.

El Park Güell, por su parte, funciona como un parque temático del subconsciente: dragones de cerámica, bancos ondulantes que recuerdan a olas petrificadas, columnas que parecen troncos de árboles mágicos. El visitante se descubre sonriendo sin razón aparente, como si la ciudad hubiese adoptado súbitamente reglas de la lógica infantil.

A unas dos horas al norte, en Figueres, el viajero encontrará el que probablemente sea el edificio más abiertamente surrealista del país: el Teatre-Museu Dalí.

El propio Salvador Dalí lo concibió como una obra total, un contenedor de sí mismo y de su universo mental: huevos gigantes coronan la azotea, los muros están salpicados de piezas que desafían cualquier forma de simetría, y el interior es un viaje progresivo hacia la extravagancia.

Aquí lo arquitectónico no se comprende sin lo performativo. Es el único lugar del mundo donde el visitante puede sentir literalmente que camina dentro de un cuadro de Dalí.

No toda la arquitectura surrealista se construye con ladrillo y mortero. En la provincia de Cuenca, la Ciudad Encantada ofrece un paisaje pétreo que parece esculpido por un escultor caprichoso. Formaciones rocosas con nombres como “El Tormo Alto”, “Los Barcos” o “El Convento” evocan figuras familiares y absurdas al mismo tiempo.

Es un ejemplo privilegiado de cómo el surrealis­mo también puede surgir de la interpretación humana de un entorno natural que se resiste a la lógica.

En Cantabria, El Capricho de Gaudí es una explosión de imaginación en miniatura. Sus azulejos verdes y amarillos, las formas circulares y su torre esbelta lo asemejan a una fábrica de caramelos convertida en mansión señorial. El recorrido turístico permite disfrutarlo tanto desde la perspectiva arquitectónica como desde el simple deleite sensorial.

En Madrid, el Parque del Capricho ofrece rincones que parecen adelantarse al surrealismo: laberintos vegetales, un palacete de fantasía, un templete clásico rodeado de agua y hasta una “Casa de la Vieja” donde la perspectiva y la escala juegan deliberadamente con la percepción del visitante. No es surrealismo en sentido estricto, pero sí una aproximación lúdica al juego visual y emocional que el movimiento abrazaría más tarde.

En Benalmádena (Málaga), el Castillo de Colomares es una síntesis fantástica del imaginario hispánico. Construido a finales del siglo XX por un médico enamorado de la historia de España, mezcla estilos —románico, mudéjar, gótico y bizantino— sin seguir ninguna regla coherente. El resultado: un monumento imposible que, pese a su reciente origen, encarna el espíritu disparatado y poético del surrealismo.

Lo surrealista, en España, no siempre es explícito. A veces se encuentra en la ornamentación obsesiva, en el tratamiento orgánico de la forma, en la ironía escondida entre columnas o en el sentido del humor arquitectónico que recorre el país como un hilo invisible.

Viajar por esta España onírica es sumergirse en un territorio donde lo real se vuelve poroso, donde las fachadas hablan, donde los muros se arquean como si respiraran. Es una invitación a contemplar el mundo no como es, sino como podría ser si la imaginación, por una vez, tomara el mando sin pedir permiso.

Nepal: el latido silencioso de Asia

Redacción (Madrid)

Viajar a Nepal es adentrarse en un territorio donde lo espiritual y lo cotidiano se entrelazan de manera natural. Lejos de las imágenes más difundidas, el país ofrece un universo humano, cultural y sensorial que se revela en los templos, los mercados y las calles vibrantes que dan forma a su esencia. Nepal es una experiencia que se vive en los detalles: en el aroma del incienso al amanecer, en las voces que resuenan en los patios de los monasterios, en los colores de las guirnaldas que adornan los santuarios y en las sonrisas que acompañan cada saludo.

En Katmandú, la capital, todo parece girar en torno al movimiento. Las motos serpentean entre callejones angostos, los tenderos despliegan sus productos con paciencia ritual y las plazas se llenan de peregrinos que giran las ruedas de oración con devoción. Es una ciudad que respira historia, pero también una vitalidad contemporánea que convive con lo ancestral. Los barrios antiguos, como Thamel, son un mosaico de culturas: allí confluyen mochileros, artistas y comerciantes locales que entienden el viaje como una forma de encuentro.

Muy cerca, en Patan, la arquitectura newar revela un refinamiento estético que combina piedra, madera tallada y ladrillo rojo. Sus templos y palacios no son solo monumentos, sino espacios vivos donde la gente conversa, reza o simplemente observa el paso del tiempo. Caminar por las plazas de Patan es descubrir cómo la vida cotidiana se entrelaza con la herencia espiritual sin fronteras entre lo sagrado y lo doméstico.

Bhaktapur, por su parte, conserva el ritmo pausado de una ciudad que parece detenida en otra era. Allí, los talleres artesanales mantienen viva la tradición del barro y del metal, mientras las calles empedradas conducen a patios interiores llenos de flores y pequeñas deidades. Para el visitante, Bhaktapur es un viaje al corazón del arte nepalí: cada ventana tallada, cada puerta o vasija guarda la huella del trabajo humano, del tiempo y de la fe.

El país también se descubre a través de sus sabores. La gastronomía nepalí es un mapa de fusiones: especias de la India, técnicas del Tíbet y productos locales que dan vida a platos tan sencillos como el dal bhat, un combinado de arroz, lentejas y verduras que define la dieta diaria. Comer en Nepal es un acto de hospitalidad; el viajero es recibido no como cliente, sino como invitado. Las comidas se comparten con las manos, con respeto y gratitud, recordando que en esta tierra la comida es más que sustento: es comunión.

Más allá de las ciudades, los pueblos rurales conservan un equilibrio sereno con la naturaleza. Los campos de arroz se tiñen de verde durante el monzón, las terrazas agrícolas forman patrones sobre las colinas y los caminos polvorientos conectan aldeas donde el tiempo transcurre con lentitud. Allí, los días se miden por el canto de los pájaros y el ritmo de las cosechas, y la vida mantiene una relación armónica con el entorno.

Nepal es también un país de sonidos y gestos. Las campanas de los templos marcan las horas, los monjes recitan mantras al atardecer, los niños juegan en los patios escolares mientras las mujeres tejen o pintan mandalas con paciencia infinita. Hay una musicalidad constante que no proviene de los instrumentos, sino de la convivencia: la melodía de un pueblo que ha aprendido a mantener la calma incluso en medio del bullicio.

Visitar Nepal es descubrir una forma distinta de entender el tiempo y la existencia. No es un destino que se recorra con prisa ni que se agote en los itinerarios turísticos. Es un país que invita a mirar con atención, a escuchar lo que no se dice, a percibir la espiritualidad en lo cotidiano. Su grandeza no está en lo monumental, sino en la humanidad que se respira en cada gesto.

Para el viajero atento, Nepal es una lección de sencillez. Es la demostración de que la belleza no siempre se impone: a veces se revela en el silencio, en la sonrisa de un desconocido o en la luz dorada que cae sobre un templo al anochecer. En cada rincón, el país parece recordarnos que el viaje más profundo no siempre se hace hacia afuera, sino hacia adentro.

Sagunto; historia viva entre el mar y la montaña

Redacción (Madrid)

Sagunto, situada en la provincia de Valencia, es uno de los destinos turísticos más fascinantes de la Comunidad Valenciana por su capacidad de unir historia, cultura y paisaje en un solo enclave. Con más de dos milenios de antigüedad, esta ciudad ha sido testigo de los grandes acontecimientos que han marcado el desarrollo del Mediterráneo occidental, desde la época ibérica hasta la actualidad.

El principal atractivo de Sagunto es su impresionante patrimonio histórico. La ciudad fue una de las más importantes de la antigua Hispania y alcanzó gran relevancia durante la dominación romana. El Castillo de Sagunto, que se alza majestuoso sobre la colina y domina toda la comarca del Camp de Morvedre, constituye un símbolo del paso del tiempo. Sus murallas, que mezclan restos íberos, romanos, medievales y modernos, son un auténtico museo al aire libre que permite al visitante recorrer siglos de historia en apenas unos metros.

A los pies del castillo se encuentra el Teatro Romano, restaurado y todavía en uso para representaciones y festivales culturales. Este espacio, declarado Monumento Nacional, combina la majestuosidad clásica con la vitalidad contemporánea, convirtiéndose en uno de los principales puntos de encuentro entre el arte antiguo y la cultura moderna.

El casco histórico de Sagunto es un entramado de callejuelas que conserva la esencia mediterránea. Al recorrerlo, se descubren restos de la antigua judería, iglesias medievales y casas señoriales que hablan del esplendor pasado. Cada rincón invita a la contemplación, mientras el ambiente sereno y el aroma del azahar recuerdan la cercanía del mar.

A escasos kilómetros del núcleo histórico, el Puerto de Sagunto ofrece un contraste perfecto entre tradición y modernidad. Lo que en su día fue una zona industrial ligada a la siderurgia, hoy se ha transformado en un espacio de ocio y turismo. Su larga playa de arena fina, galardonada con bandera azul, es ideal para disfrutar del sol mediterráneo, practicar deportes acuáticos o degustar una paella junto al mar. Además, su paseo marítimo, lleno de vida durante todo el año, refleja la hospitalidad de sus habitantes y el carácter alegre del litoral valenciano.

Sagunto no solo es historia y mar. También ofrece experiencias culturales y gastronómicas únicas. Los festivales de teatro clásico, las fiestas patronales y la gastronomía local —donde destacan los arroces, las tapas de mar y los dulces tradicionales— completan una oferta turística diversa. En los alrededores, el Parque Natural de la Sierra Calderona invita a los amantes del senderismo a disfrutar de vistas panorámicas y de un entorno natural protegido.

Visitar Sagunto es adentrarse en un viaje por el tiempo. Su riqueza patrimonial, su vida cultural y su entorno mediterráneo convierten esta ciudad en un destino imprescindible para quienes buscan algo más que un simple lugar de vacaciones. Sagunto es una ciudad que no se limita a mostrar su historia: la vive, la respira y la comparte con quienes llegan dispuestos a descubrirla.

Habanos lanza en exclusiva la edición especial Tauromaquia y Francisco Esplá, presentada junto a Montecristo Edmundo.

Madrid (Redacción)

En un encuentro cargado de tradición y elegancia, Club Pasión Habanos acogió la presentación oficial de la nueva edición de Tauromaquia, la séptima edición especial de su tipo dedicada en esta ocasión al reconocido torero Francisco Esplá y que este año se presenta junto a Montecristo Edmundo, la vitola con la que Habanos presentó hace más de veinte años la Línea Edmundo de esta legendaria marca.

El evento, que reunió a medios de prensa especializada, socios del Club Pasión Habanos y figuras del mundo taurino, se convirtió en un homenaje vivo a la trayectoria artística y humana del maestro torero alicantino. Durante una entrevista íntima y llena de emociones, la conversación guiada por Juan Girón, Director de Comunicación de Tabacalera, permitió a los asistentes descubrir facetas poco conocidas del torero, como su incursión en la pintura y su visión sobre la tauromaquia como expresión cultural.

Francisco Esplá, considerado una de las grandes figuras del mundo taurino en España y reconocido por su maestría y elegancia en el arte de la lidia, también desveló reflexiones personales sobre su carrera en los ruedos y su vínculo con el mundo del habano.Como colofón del encuentro, todos los asistentes pudieron descubrir en primera persona la séptima edición de Tauromaquia, este año bajo el nombre Montecristo Edmundo Tauromaquia y Francisco Esplá y que consiste en una cuidada serie limitada y exclusiva para el mercado español compuesta por 1.000 estuches numerados.

Cada estuche contiene 10 Habanos Edmundo (cepo 52 x 135 mm) de la emblemática marca Montecristo. Además, cada cigarro cuenta con una anilla conmemorativa, diseñada especialmente como tributo a la figura de Esplá y a la grandeza del arte taurino. Por otro lado, a lo largo de la velada los asistentes tuvieron el privilegio de ser los primeros en disfrutar el habano Montecristo Edmundo que da nombre a esta nueva edición, acompañado por los brandis Luis Felipe y Rey Luis Felipe, de Bodegas Rubio, y el jamón de bellota 100% ibérico de la casa 959, un maridaje de lujo, perfecto para celebrar esta ocasión especial por todo lo alto.

Así, la velada concluyó entre charlas, risas y anécdotas, despidiendo un encuentro que dejó a todos gratamente sorprendidos y a la espera de poder encontrar próximamente en el mercado español esta nueva edición Montecristo Edmundo Tauromaquia y Francisco Esplá.

Tauromaquia y Habanos es una serie especial para coleccionistas, creada por Tabacalera, distribuidor exclusivo de Habanos en el mercado español, y que nos adentra en la histórica relación entre los habanos y el toreo en Cuba, que se mantuvo sin interrupción durante cuatro siglos y en cuyo suelo llegó a haber más de 20 plazas de toros. La primera edición fue lanzada en el año 2019 y sirvió de homenaje a Morante de la Puebla. Grandes figuras históricas del toreo han recibido este reconocimiento como Joselito el Gallo, Juan Belmonte o Manolete.

Grupo Agüera Comunicación lanza Travel Business, la nueva publicación especializada en turismo MICE

Por Tamara Cotero

Grupo Agüera Comunicación, editor de la revista Lugares y Más y del programa de radio Marca Exclusiva, anuncia el lanzamiento de su nueva cabecera: Travel Business, una revista especializada en el sector MICE (Meetings, Incentives, Conventions & Exhibitions).

Travel Business, una revista especializada en el sector MICE (Meetings, Incentives, Conventions & Exhibitions).

La nueva publicación nace con el objetivo de convertirse en un referente para profesionales y empresas vinculadas al turismo de negocios, un segmento estratégico que está experimentando una rápida transformación y que se presenta como motor clave en la recuperación y crecimiento de la industria turística a nivel global.

Bajo la dirección del periodista David Agüera, Travel Business ofrecerá contenidos de calidad enfocados en tendencias, innovación, sostenibilidad, destinos, y casos de éxito en el ámbito MICE. Además, servirá de plataforma de encuentro entre proveedores, destinos, organizadores y clientes corporativos, reforzando la importancia de este sector en el momento actual.

“El turismo MICE tiene un peso fundamental en la economía y en la reactivación de muchos destinos. Con Travel Business queremos aportar información, análisis y visibilidad a un sector dinámico, que demanda nuevas soluciones y que juega un papel decisivo en el desarrollo del turismo global”, señala David Agüera, director de la publicación.
Con este lanzamiento, Grupo Agüera Comunicación amplía su portfolio editorial y reafirma su compromiso con la divulgación de contenidos especializados y de calidad en el ámbito turístico y empresarial.

Sobre Grupo Agüera Comunicación es una empresa dedicada a la creación y gestión de medios especializados. Entre sus proyectos destacan la revista Lugares y Más, orientada al turismo experiencial, y el programa de radio Marca Exclusiva, dedicado a la información y análisis de tendencias en el mundo del ocio y el lifestyle.

Descubriendo la Abadía de Vézelay, joya románica en el corazón de Yonne

Redacción (Madrid)

En el pintoresco departamento de Yonne, en la región de Borgoña, se erige majestuosa la Abadía de Vézelay, también conocida como la Basílica de Santa María Magdalena. Este monasterio benedictino, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, es un destino imprescindible para los amantes de la historia, la arquitectura y el turismo espiritual.

Fundada en el siglo IX, la abadía adquirió renombre al afirmar poseer las reliquias de Santa María Magdalena, convirtiéndose en un importante centro de peregrinación medieval. A lo largo de los siglos, ha sido testigo de eventos históricos significativos, como la predicación de la Segunda Cruzada por San Bernardo de Claraval en 1146 y la partida de Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León hacia la Tercera Cruzada en 1191.

La basílica es un ejemplo sublime del arte románico. Su nave central, iluminada por una luz tenue que resalta la belleza de sus capiteles esculpidos, invita a la contemplación y al recogimiento. El tímpano del pórtico central, adornado con detalladas esculturas que representan escenas bíblicas, es considerado una obra maestra de la escultura medieval.

Vézelay no solo atrae a peregrinos, sino también a viajeros en busca de experiencias culturales y espirituales. Pasear por las calles empedradas de este encantador pueblo medieval, declarado uno de los «Pueblos más bellos de Francia», permite sumergirse en una atmósfera única donde el pasado y el presente se entrelazan armoniosamente.

Ubicación: Vézelay se encuentra aproximadamente a 50 km al sur de Auxerre, accesible por carretera desde las principales ciudades de la región.

Horario de Visitas: La basílica está abierta al público durante todo el año, aunque se recomienda consultar los horarios específicos y posibles restricciones antes de planificar la visita.

Actividades Cercanas: Además de la visita a la basílica, la región ofrece rutas de senderismo, degustaciones de vinos locales y la oportunidad de explorar otros sitios históricos en Borgoña.

La Abadía de Vézelay es más que un monumento histórico; es un lugar donde convergen la fe, el arte y la historia. Visitar este emblemático sitio en Yonne es emprender un viaje enriquecedor que deja una huella imborrable en el corazón de cada viajero.

Los Museos de Roma, un viaje por la historia y el arte

Redacción (Madrid)

Roma, la Ciudad Eterna, es un destino que rebosa historia, arte y cultura en cada rincón. Sus museos son testigos del esplendor de la antigüedad, el renacimiento y la modernidad, convirtiéndose en paradas obligatorias para cualquier amante del turismo cultural. Desde los vestigios del Imperio Romano hasta las grandes obras maestras del Barroco, recorrer los museos de Roma es emprender un viaje en el tiempo donde cada sala cuenta una historia fascinante.

Los Museos Vaticanos son una de las atracciones más visitadas del mundo y un punto central en cualquier recorrido por Roma. Este complejo museístico alberga una de las colecciones de arte más importantes del planeta, con obras que abarcan desde la antigüedad hasta el Renacimiento.

Entre sus principales atractivos se encuentra la Capilla Sixtina, decorada con los impresionantes frescos de Miguel Ángel, donde se puede admirar la célebre Creación de Adán y el Juicio Final. Otro punto destacado es la Sala de los Mapas, con su detallado conjunto de mapas renacentistas, y las Estancias de Rafael, con frescos como La Escuela de Atenas.

Este museo es una parada obligatoria para los turistas, no solo por su riqueza artística, sino porque representa el epicentro de la cultura cristiana en el mundo.

Ubicada en los hermosos jardines de Villa Borghese, esta galería es uno de los museos más impresionantes de Roma. Su colección incluye algunas de las mejores esculturas de Gian Lorenzo Bernini, como Apolo y Dafne y El rapto de Proserpina, en las que el mármol parece cobrar vida.

Además, la pinacoteca de la Galería Borghese exhibe obras maestras de artistas como Caravaggio, Tiziano y Rafael. Gracias a su tamaño manejable y a su excelente organización, es uno de los museos más recomendados para quienes desean disfrutar del arte sin aglomeraciones.

Situados en la Plaza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, los Museos Capitolinos son los museos públicos más antiguos del mundo, fundados en 1471 por el Papa Sixto IV. Aquí se encuentran algunas de las esculturas más icónicas del mundo clásico, como la Loba Capitolina, símbolo de Roma, y la imponente estatua ecuestre de Marco Aurelio.

Los visitantes también pueden recorrer salas con restos arqueológicos y pinturas de artistas como Caravaggio y Rubens. Este museo es imprescindible para quienes deseen comprender la grandeza de la Roma Antigua y su impacto en la cultura occidental.

Ubicada en el Palacio Barberini y el Palacio Corsini, esta galería es el lugar ideal para apreciar la evolución del arte pictórico italiano. Entre sus obras más destacadas se encuentran el Retrato de Enrique VIII de Holbein, Judith y Holofernes de Caravaggio y La Fornarina de Rafael.

El Palacio Barberini, con su espectacular escalera diseñada por Borromini, es un ejemplo del esplendor arquitectónico barroco. Este museo es menos concurrido que otros, por lo que permite disfrutar de las obras con tranquilidad.

El Museo Nacional Romano está dividido en varias sedes que albergan una de las mayores colecciones de artefactos romanos del mundo. El Palazzo Massimo alle Terme es especialmente recomendable, ya que conserva impresionantes frescos romanos, como los de la Villa de Livia, que transportan al visitante a la Roma de hace dos mil años.

Otro punto imperdible es la sede de Las Termas de Diocleciano, un enorme complejo termal convertido en museo, donde se pueden admirar inscripciones antiguas, sarcófagos y esculturas de época imperial.


Aunque Roma es una ciudad anclada en la historia, también tiene espacio para el arte moderno y contemporáneo. El MAXXI (Museo Nacional de las Artes del Siglo XXI), diseñado por Zaha Hadid, es un impresionante edificio que alberga exposiciones de arte, fotografía y arquitectura contemporánea.

Por otro lado, el MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Roma) presenta una interesante colección de artistas italianos del siglo XX y XXI, en un entorno que combina arquitectura industrial con espacios vanguardistas.

Los museos de Roma son verdaderas joyas que permiten a los visitantes sumergirse en la historia, el arte y la cultura de una de las ciudades más fascinantes del mundo. Desde los tesoros del Vaticano hasta las esculturas clásicas de los Museos Capitolinos, pasando por el esplendor barroco de la Galería Borghese y la modernidad del MAXXI, cada museo ofrece una experiencia única.

Un viaje a Roma no está completo sin recorrer sus museos, donde cada obra cuenta una historia y cada sala nos acerca más a la grandeza de la civilización que marcó el destino de Occidente.

La «Ciudad Madre» un destino espectacular en Sudáfrica, Ciudad del Cabo

Redacción (Madrid)

Ciudad del Cabo, ubicada en el extremo suroeste de Sudáfrica, es una de las ciudades más impresionantes del mundo. Conocida como la «Ciudad Madre», combina maravillas naturales, una rica historia y una vibrante cultura contemporánea que atrae a viajeros de todos los rincones del planeta. En este ensayo, exploraremos las razones por las que Ciudad del Cabo debería estar en la lista de destinos de cualquier viajero.

Ciudad del Cabo es sinónimo de paisajes espectaculares. Dominada por la majestuosa Montaña de la Mesa, una de las siete maravillas naturales del mundo, la ciudad ofrece vistas panorámicas incomparables. Subir a la cima, ya sea a pie o en teleférico, permite a los visitantes apreciar el panorama de la ciudad, el océano Atlántico y más allá.

El Cabo de Buena Esperanza, donde se unen los océanos Atlántico e Índico, es otro hito emblemático. Este parque natural no solo es un lugar de interés geográfico, sino que también alberga una diversa flora y fauna, incluidos pingüinos en la cercana Playa de Boulders. Además, las playas de Ciudad del Cabo, como Camps Bay y Clifton, ofrecen arenas blancas y aguas cristalinas que las convierten en refugios perfectos para quienes buscan relajarse.

Ciudad del Cabo también es un testigo de la historia sudafricana. La Isla Robben, declarada Patrimonio de la Humanidad, es un recordatorio conmovedor del pasado del apartheid, ya que fue el lugar donde Nelson Mandela estuvo encarcelado durante 18 años. Los recorridos por la isla son guiados por ex-prisioneros, lo que ofrece una experiencia educativa y emocionalmente impactante.

El centro de la ciudad cuenta con barrios históricos como Bo-Kaap, famoso por sus casas de colores vibrantes y su herencia malaya. Caminar por sus calles adoquinadas es un viaje a través del tiempo y una oportunidad para disfrutar de la hospitalidad local y la deliciosa gastronomía, como los tradicionales curris malayos.

Sudáfrica es reconocida por su vino, y Ciudad del Cabo no es una excepción. Las cercanas regiones vinícolas de Stellenbosch, Franschhoek y Paarl ofrecen viñedos de clase mundial y experiencias de cata de vinos rodeadas de paisajes bucólicos.

Dentro de la ciudad, la escena culinaria es igualmente emocionante, con una mezcla de cocinas africanas, europeas y asiáticas. Los mercados locales, como el Neighbourgoods Market, son ideales para degustar delicias frescas y explorar productos artesanales.

Ciudad del Cabo es un paraíso para los aventureros. Desde el surf en las olas del Atlántico hasta el senderismo en rutas como Lion’s Head y Signal Hill, la ciudad tiene actividades para todos los gustos. También es posible practicar deportes extremos como el parapente o bucear en jaulas con tiburones blancos, una experiencia única para los más intrépidos.

Ciudad del Cabo es un destino que lo tiene todo: una belleza natural impresionante, una rica historia que invita a la reflexión, una cultura vibrante y opciones infinitas para la aventura y el descanso. Cada rincón de esta ciudad cuenta una historia, y cada experiencia deja una impresión duradera en quienes la visitan. Ya sea que busques un escape relajante, una exploración cultural o emociones extremas, Ciudad del Cabo promete ser un viaje inolvidable.

Descubrir esta joya sudafricana es mucho más que turismo; es una experiencia que transforma y conecta con lo mejor que el mundo tiene para ofrecer.