Armengol Engonga: «Hoy es imposible que haya turismo en Guinea Ecuatorial»

Redacción (Madrid)

El presidente en el exilio del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (PPGE), Armengol Engonga, ha denunciado públicamente la situación de represión política, violaciones sistemáticas de los derechos humanos y empobrecimiento generalizado que sufre Guinea Ecuatorial tras 46 años de dictadura, y ha hecho un llamamiento urgente a las instituciones españolas e internacionales para que actúen de manera decidida.

Engonga ha señalado que el actual contexto político hace imposible cualquier desarrollo económico real, incluido el turismo o la inversión extranjera.

“Es evidente que hoy es imposible que haya turismo en Guinea Ecuatorial. Ningún inversor serio se atreve a apostar por el país mientras exista una dictadura feroz que detiene arbitrariamente, tortura e incluso mata, con cárceles llenas de disidentes políticos.”

El dirigente del PPGE subraya que el régimen no solo reprime a su población, sino que rechaza deliberadamente la presencia de observadores e inversores internacionales, al considerarlos testigos incómodos de la realidad del país.

“El régimen no quiere inversores porque son testigos que denuncian la verdadera situación de Guinea Ecuatorial, una dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos.”

Exilio forzado y abandono institucional

Armengol Engonga ha denunciado también la situación de los guineanos en el exilio, muchos de ellos formados en España, que no han podido regresar a su país por motivos políticos.

“Nos sentimos absolutamente abandonados por parte de las instituciones, aunque no por la sociedad civil española, donde nos hemos integrado.”

“Muchos vinimos a España por motivos de estudio con la intención de regresar y contribuir al progreso de Guinea Ecuatorial. Eso no ha sido posible debido a la persecución política y la ausencia total de libertades.”

En este contexto, el presidente del PPGE reclama una mayor implicación del Estado español.

“El Gobierno español debe actuar e implicarse mucho más, y la oposición política también. Pedimos voz e implicación del Congreso, del Senado y de todas las instituciones españolas.”

“Esa implicación significa ejercer presión política real sobre el régimen de Obiang para que abandone el poder.”

Empobrecimiento de la población y acaparamiento de la riqueza

Engonga ha denunciado el grave deterioro social y económico que sufre la población guineana, a pesar de los recursos naturales del país.

“Obiang y su familia han acaparado toda la riqueza del país, mientras los guineanos sobreviven con apenas dos dólares al día.”

“El 80% de la población se encuentra en paro y vive por debajo del umbral de la pobreza.”

Rechazo a la sucesión dinástica y llamamiento a la comunidad internacional

El presidente en el exilio del PPGE ha rechazado cualquier intento de perpetuación del régimen mediante una sucesión familiar.

“No estamos dispuestos a que el hijo herede esta situación. Guinea Ecuatorial no es una monarquía hereditaria: tiene que ser una democracia.”

“Pero antes incluso de la democracia, exigimos libertad y el respeto pleno de todos los derechos humanos.”

Finalmente, Engonga ha reiterado su llamamiento a la comunidad internacional, con especial énfasis en España.

“Queremos que nos acompañe la comunidad internacional, encabezada por España. Existe una deuda histórica por nuestro vínculo común y las instituciones españolas deben asumir esa responsabilidad.”

El Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial reafirma su compromiso con una transición democrática pacífica, el retorno en libertad de los exiliados y la construcción de un Estado basado en el Estado de derecho, la justicia y la dignidad humana.

“El Festival de Cine es nuestro emblema turístico y cultural por excelencia”

Por Miguel de la Hoz

Con 37 ediciones a sus espaldas, el Festival de Cine de l’Alfàs del Pi es mucho más que un evento cultural: es una seña de identidad para todo el municipio. Conversamos con la concejala de Presidencia para conocer en profundidad su impacto en el desarrollo local, su proyección y los retos de futuro.

¿Qué significa para l’Alfàs del Pi contar cada año con un festival de cine con tanta trayectoria?

El Festival de Cine de l’Alfàs del Pi es, sin duda, el evento más importante a nivel turístico para nuestro municipio. Hace 37 años, un grupo de amigos soñó con que Alfàs, que entonces no era un destino turístico y tenía muy pocos habitantes, podía convertirse en un referente cultural y turístico en la comarca. Así nació este festival, que con el tiempo se ha consolidado como nuestro emblema por excelencia, tanto en lo cultural como en lo turístico.

Desde su punto de vista institucional, ¿cuál es el papel del festival en el desarrollo cultural del municipio?

Es fundamental. A partir de este festival se ha generado toda una estructura cultural que hoy incluye doce festivales a lo largo del año, casi uno por mes. Tras el Festival de Cine viene el Festival de Teatro, el Estiu-Festiu, el Festival de Jazz, Mozzarmanía, el Festival de Coros… Todos forman parte del calendario cultural de Alfàs y han contribuido a construir una identidad cultural muy sólida.

¿Cómo ha contribuido el festival a consolidar a Alfàs como un referente cultural dentro de la Comunidad Valenciana?

Alfàs del Pi, sin este festival, no tendría el reconocimiento que hoy tiene en el panorama autonómico e incluso nacional. En estos 37 años han pasado por aquí los mejores directores, actores, actrices, guionistas y productores del cine español. Todo ese recorrido está reflejado en nuestro Paseo de las Estrellas, al que algunos ya llaman con orgullo nuestro “Paseo de la Fama”.

¿Qué impacto tiene el festival en el turismo local? ¿Se nota en la llegada de visitantes y en la economía del municipio?

Claramente sí. Hay un antes y un después del Festival de Cine, tanto en términos turísticos como económicos. Muchos visitantes planifican sus vacaciones coincidiendo con el festival, y eso se refleja en las reservas de alojamientos. En el casco urbano, donde se concentra la actividad del festival, se amplía la capacidad de terrazas y espacios de restauración para aprovechar el incremento de público. Es una semana de gran movimiento y vitalidad para el comercio local.

¿Cómo se involucran los vecinos en el festival? ¿Existe un sentimiento de identidad compartida?

Sin duda. Si algún día desapareciera el Festival de Cine, la ciudadanía lo sentiría como una pérdida importante. La gente de Alfàs está orgullosa de este festival, de ver su municipio en televisión, en los medios, y de saber que forma parte de algo grande. El festival está muy arraigado en la comunidad local.

¿Qué tipo de actividades culturales paralelas se promueven durante el festival?

La programación es muy variada y está pensada para todos los públicos. Hay presentaciones de libros, encuentros con actores y directores, actividades infantiles, conciertos en la calle… Destaca la participación de la Sociedad Musical La Lira, que cada año ofrece un concierto especial como cierre del festival. Además, este año hemos incorporado por primera vez cursos de formación, con el objetivo de fomentar el talento emergente del cine español.

¿Qué medidas se han tomado desde el Ayuntamiento para aprovechar el festival como motor de promoción turística durante todo el año?

El festival no se limita a los 10 o 15 días de julio. Su presencia se extiende todo el año. Presentamos el cartel en FITUR, y este año, por ejemplo, hemos ido desvelando los nombres de los premiados a lo largo del calendario, lo que ha generado expectación continua. También celebramos el ciclo de Cine Solidario todos los jueves en la Casa de Cultura, donde la recaudación se destina a asociaciones locales. Todo esto refuerza la identidad cultural y social del festival durante los 12 meses del año.

¿De qué manera se proyecta la imagen de l’Alfàs del Pi a través del festival en medios nacionales e internacionales?

La mayor repercusión la tenemos a nivel nacional y autonómico, sobre todo en la Comunidad Valenciana. Este año, por ejemplo, hemos recibido una gran cantidad de cortos valencianos, lo que demuestra el peso que tenemos en el ámbito regional. A nivel internacional aún no hemos alcanzado una gran proyección, pero esperamos poder lograrlo en futuras ediciones.

¿Qué papel juegan las áreas de Cultura y Turismo en la organización del festival?

Es un trabajo totalmente coordinado. Cultura, con Manuel Casado al frente, organiza el festival; y Turismo, con Luis Morán, se encarga de su promoción. Ambos departamentos trabajan codo a codo bajo la supervisión del alcalde, Vicente Arques, que es el principal impulsor del proyecto. Este trabajo conjunto es lo que garantiza el éxito antes, durante y después del evento.

¿Qué retos y oportunidades ve para seguir potenciando el festival como herramienta estratégica?

El gran reto de los próximos años será incorporar una pata de formación sólida. Nuestra intención es firmar convenios con entidades como Ciudad de la Luz o el SCAC, para ofrecer formación en guion, producción, dirección… Queremos que Alfàs no solo sea un lugar donde se proyectan películas, sino también donde se forma a los profesionales del futuro del cine español.

Moldavia, historia, cultura y modernidad en el corazón de Europa Oriental

Redacción (Madrid)
Moldavia, oficialmente conocida como la República de Moldavia, es un pequeño país sin salida al mar ubicado en Europa Oriental, entre Rumanía y Ucrania. A pesar de su tamaño relativamente modesto, Moldavia cuenta con una rica historia, un patrimonio cultural único y una población de aproximadamente 2,6 millones de habitantes. Este país ha sido testigo de la influencia de diferentes imperios, guerras y cambios políticos que han dado forma a su identidad actual.

Moldavia tiene una historia compleja marcada por la influencia de múltiples potencias extranjeras. Los orígenes de la región pueden rastrearse hasta el principado medieval de Moldavia, que se formó en el siglo XIV. Este principado, que abarcaba áreas tanto de la actual Moldavia como del noreste de Rumanía, fue una entidad semiindependiente que a menudo oscilaba entre las influencias de los otomanos, los húngaros y los polacos.

A finales del siglo XVIII y XIX, tras las guerras ruso-turcas, el Imperio ruso anexionó la región conocida como Besarabia, que comprendía gran parte del territorio actual de Moldavia. Este período bajo dominio ruso moldeó la cultura y la política del país durante más de un siglo.

En 1918, tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, Moldavia se unió a Rumanía. Sin embargo, en 1940, como resultado del Pacto Ribbentrop-Mólotov entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, el territorio fue anexado nuevamente por la URSS, convirtiéndose en la República Socialista Soviética de Moldavia. Durante los siguientes 50 años, Moldavia estuvo bajo el control soviético, experimentando políticas de rusificación y colectivización forzada, que dejaron una huella profunda en su sociedad y economía.

El colapso de la Unión Soviética en 1991 permitió que Moldavia declarara su independencia el 27 de agosto de ese mismo año. A pesar de este gran paso, la transición hacia la democracia y una economía de mercado no fue fácil. Moldavia enfrentó varios desafíos económicos y políticos, incluido el conflicto en la región separatista de Transnistria, un territorio autoproclamado independiente en el este de Moldavia, donde todavía se mantienen tropas rusas.