Las esculturas de La Habana ,arte, historia y ciudad al aire libre

Redacción (Madrid)

La Habana, capital de Cuba, es una ciudad donde la historia se entrelaza con el arte en cada esquina. Sus calles, plazas y avenidas no solo son testigos del paso del tiempo, sino también un museo al aire libre. Entre su arquitectura colonial, sus parques y su emblemático malecón, las esculturas habaneras se alzan como guardianas silenciosas del pasado y expresiones vivas de la identidad cubana.

Caminar por La Habana es encontrarse constantemente con el arte. En La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad, abundan esculturas que representan personajes históricos, símbolos culturales y figuras populares. Una de las más reconocidas es la escultura de El Caballero de París, obra del artista José Villa Soberón. Ubicada cerca del Convento de San Francisco de Asís, esta figura de bronce rinde homenaje a un personaje real que deambulaba por las calles en los años 50, famoso por su elegancia y carisma. Hoy, miles de visitantes se detienen a tocar su barba o su mano, siguiendo la creencia popular de que trae buena suerte.

Otra de las obras emblemáticas es la escultura de José Martí en la Plaza de la Revolución, imponente y solemne. Situada frente al monumento del mismo nombre, esta pieza monumental es uno de los puntos más visitados por turistas y locales. Su presencia domina la plaza y recuerda la importancia del pensamiento y la cultura en la historia nacional.

En el Malecón habanero, donde el arte se mezcla con el sonido del mar, varias esculturas modernas captan la atención. Entre ellas destaca la “Primavera” del escultor Rafael San Juan, una figura femenina de acero que simboliza la vitalidad, la fuerza y la sensualidad de la mujer cubana. Esta obra, de estilo contemporáneo, contrasta con la arquitectura clásica del entorno, generando un diálogo visual entre lo antiguo y lo moderno.

También en zonas como el Parque Central y el Capitolio, las esculturas aportan un aire de elegancia y memoria. Leones de bronce, héroes nacionales y figuras alegóricas decoran los espacios, invitando al visitante a detenerse y observar los detalles artísticos. Estos conjuntos escultóricos reflejan la influencia europea en el arte cubano del siglo XIX, al tiempo que se integran al paisaje tropical con una naturalidad sorprendente.

Sin embargo, más allá de las esculturas monumentales, La Habana también se distingue por su arte público más íntimo y cotidiano. En barrios como Vedado o Centro Habana, pueden encontrarse pequeñas obras de artistas locales, murales y figuras abstractas que enriquecen la vida urbana. Este arte callejero y escultórico contemporáneo ofrece una mirada fresca y diversa a la ciudad, demostrando que la creatividad cubana no se limita a los museos.

Desde el punto de vista turístico, recorrer las esculturas de La Habana es una forma diferente de descubrir la ciudad. Cada pieza cuenta una historia: algunas narran hechos históricos, otras representan mitos urbanos, y muchas simplemente expresan belleza. Para los visitantes, seguir una ruta escultórica puede convertirse en un itinerario cultural alternativo, ideal para quienes buscan algo más que playas o arquitectura.

En conclusión, las esculturas de La Habana son parte esencial de su alma. Son huellas tangibles de su historia, expresiones de su sensibilidad artística y puntos de encuentro entre el pasado y el presente. Caminar entre ellas es comprender que la ciudad no solo se recorre: también se contempla. En cada plaza, en cada esquina, en cada figura de bronce o acero, La Habana revela una parte de sí misma, invitando al viajero a mirar con atención y a descubrir el arte que respira en sus calles.

24 horas en Holguín: la ciudad de los parques y las lomas

Redacción (Madrid)

Holguín, conocida como la “Ciudad de los Parques”, recibe a sus visitantes con una mezcla de historia, cultura y vida cotidiana que se respira en cada esquina. Pasar un día en esta urbe del oriente cubano es suficiente para entender por qué enamora a quienes llegan, aunque siempre deja el deseo de regresar.

Mañana entre parques y plazas

El día puede comenzar en el Parque Calixto García, el corazón de la ciudad. Rodeado de edificios coloniales y cafés, es un punto de encuentro natural para los holguineros. Desde allí, caminar hacia el Parque San José o el Parque Las Flores es adentrarse en la vida diaria de una ciudad que gira en torno a estos espacios. Bajo la sombra de las palmas y flamboyanes, se mezclan estudiantes, familias y jubilados que conversan en los bancos.

Para desayunar, nada mejor que un café fuerte acompañado de pan con mantequilla o un jugo de frutas tropicales, abundantes en la región.

Mediodía entre arte y tradición

Al llegar el mediodía, una parada obligada es el Museo Provincial La Periquera, antiguo cuartel español convertido en museo, que guarda piezas de gran valor histórico y cultural. Muy cerca, la Casa de la Cultura ofrece talleres y exposiciones de artistas locales, reflejo de la intensa vida creativa de la ciudad.

El almuerzo puede disfrutarse en uno de los restaurantes tradicionales cercanos al centro, donde abundan los platos de cerdo asado, yuca con mojo y arroz congrí. Todo acompañado de frutas frescas, un reflejo del sabor auténtico del oriente cubano.

Tarde en las alturas

Holguín no sería la misma sin su mirador más emblemático: la Loma de la Cruz. Subir sus más de 450 escalones es un reto que recompensa con una vista panorámica de toda la ciudad, extendida en un valle rodeado de montañas. Al atardecer, el cielo se tiñe de tonos rojizos y dorados que hacen del lugar un espectáculo natural inolvidable.

Para quienes prefieren algo más relajado, un paseo por el Jardín Botánico de Holguín ofrece un respiro verde, con una impresionante colección de especies endémicas de Cuba.

Noche de música y sabor

Cuando cae la noche, Holguín se llena de música. En las peñas culturales o en los bares del centro suenan guitarras y voces trovadoras, herederas de una tradición musical que late fuerte en el oriente cubano. La cena puede incluir mariscos frescos, muy apreciados en la región, o una pizza al estilo local, antes de cerrar la jornada con un trago de ron o un coctel caribeño.

Una ciudad para volver

Veinticuatro horas en Holguín bastan para descubrir una ciudad vibrante, que combina naturaleza, cultura y hospitalidad. Aunque breve, la experiencia deja claro que Holguín es mucho más que una parada: es un lugar donde cada rincón invita a quedarse un poco más.

Pazos de Arenteiro, un remanso verde en la Galicia silente

Redacción (Madrid)

En lo profundo de la provincia de Ourense, escondida entre montañas y arroyos cristalinos, se encuentra Pazos de Arenteiro, una pequeña aldea que apenas aparece en los mapas turísticos convencionales. Con solo 117 habitantes, esta parroquia del municipio de Boborás ofrece mucho más que silencio: emerge como un refugio para quienes buscan reconectar con la naturaleza, con la historia y con una forma de vida pausada. Aquí, los ritmos dictan los ciclos del río Avia, los brotes primaverales y la luz cambiante de los cielos gallegos.

El paisaje que rodea Pazos de Arenteiro posee una belleza elusiva: montañas verdes, praderas húmedas, pinares, pequeños puentes de piedra que atraviesan riachuelos y caminos rurales apenas transitados. Esta naturaleza no es solo telón de fondo sino protagonista. El canto de los pájaros, el murmullo del agua y el susurro del viento entre las veigas (las vegas) componen la banda sonora cotidiana. En primavera y otoño, la mezcla de nieblas matinales y claros al mediodía pinta paisajes de una serenidad que pareciera capturada por un lente contemplativo.


Más allá del entorno natural, Pazos de Arenteiro conserva huellas significativas del pasado: casas de piedra con tejados antiguos, cruces en los caminos, fuentes que han abastecido generaciones, arquitectura rural tradicional que respeta las formas históricas. En sus contornos se siente la presencia de antiguas comunidades agrícolas, dedicadas al cultivo, al pastoreo y al cuido de los bosques. Aunque muchos de los servicios comunes en zonas más pobladas no están presentes al pie de la aldea, la identidad se mantiene no por lo que se ha modernizado, sino por lo que aún persiste: la costumbre, la memoria oral, la festividad local que sigue congregando a quienes allí nacieron o crecieron.


El aislamiento, sin embargo, no es solo un rasgo romántico: acarrea desafíos. La accesibilidad depende de carreteras comarcales que, en invierno, pueden complicarse; los jóvenes emigran hacia las ciudades en busca de empleo; los servicios básicos como sanidad, comercio o transporte firme están menos garantizados que en otros puntos de Galicia. Pero también es precisamente ese aislamiento lo que ha permitido que Pazos de Arenteiro conserve su autenticidad: su estética rural, su tranquilidad, su relación directa con el paisaje, con la estación climática, los ritmos agrícolas, los recursos del entorno.


Hoy, Pazos de Arenteiro aparece como una de esas aldeas que seducen al viajero territorializado —no al turista consumista—: quienes desean pasear, conversar, quedarse un par de días para mirar el cielo, seguir los senderos ribereños, escuchar historias de puertas que se han cerrado, de fuentes que han sido testigos. En tiempos en que lo urgente se come lo importante, esta aldea es un recordatorio de que la belleza muchas veces habita los rincones recogidos. Y que, quizá, valga la pena detenerse para mirar.

El Valle, un refugio sereno escondido entre montañas y selvas

Redacción (Madrid)

Enclavado en la costa noreste de la península de Samaná, El Valle emerge como un rincón poco explorado, con una belleza intacta que parece suspender el tiempo. Alejado de los circuitos turísticos más transitados, este pueblo costero ofrece una conjunción de paisaje selvático, playas casi vírgenes y una vida local que aún conserva tradiciones —algo cada vez más raro en destinos de sol y playa. Allí, el sonido de las olas se mezcla con el canto de aves y el susurro del viento entre la vegetación, componiendo una sinfonía natural que acoge al visitante con calma.


El acceso a El Valle no es del todo fácil, lo que contribuye a su encanto. Para llegar, es necesario atravesar carreteras rústicas que serpentean por colinas cubiertas de bosque tropical, caminos que se estrechan, que ascienden y descienden, que exigen paciencia y respeto por la naturaleza. Pero el esfuerzo vale la pena: cada curva vislumbra panoramas de selva, cascadas escondidas, ríos que bajan de la montaña, y al final, la recompensa de una playa rodeada de verde, con arena dorada mojada por un mar azul limpio. Esa conjunción paisaje-selva-agua le da un carácter único, diferente de los resorts llenos de turistas.


La vida en El Valle fluye con otro ritmo. No hay cadenas de hoteles gigantes, ni grandes avenidas comerciales; predomina la sencillez. Los pobladores se dedican al mar, la pesca, la agricultura local, a cultivar lo que la montaña y la costa ofrecen. Se come con lo que se pesca o se cultiva: mariscos frescos, frutas tropicales, productos del bosque. Y aunque algunos servicios básicos se han extendido, la comunidad aún depende en buena medida de su entorno natural para subsistir y definirse. Aquí, la hospitalidad es palpable: el visitante es recibido con sonrisa, con historias de generaciones que conocen cada árbol, cada corriente, cada secreto del entorno.


Desde el punto de vista ecológico, El Valle es un enclave de valor. La selva que lo rodea alberga biodiversidad: especies de flora tropical, aves diversas, fauna menor que se mueve libremente lejos del bullicio, y ríos limpios surcando la montaña. También la presencia de un pequeño río que desemboca en el mar añade un componente especial al ecosistema costero, mezclando agua dulce y salada, y generando márgenes de manglar, roca, arena, que atraen tanto fauna marina como insectos, anfibios, plantas ribereñas. Todo ello convierte el área en un laboratorio natural donde conviven la serenidad y la vida silvestre.


Sin embargo, la precariedad llama su nombre. La falta de infraestructura —carreteras en mal estado, pocas opciones de alojamiento formal, servicios de salud y electricidad que no siempre alcanzan— limita su desarrollo turístico, aunque al mismo tiempo lo protege de la masificación. El Valle enfrenta desafíos: cómo mejorar el acceso para quien quiera llegar sin destruir lo que lo hace especial; cómo ofrecer comodidades sin perder autenticidad; cómo hacer que los visitantes respeten la naturaleza y la cultura local. Si se logra ese equilibrio, El Valle podría convertirse en ejemplo de turismo sostenible, modelo para conservar lo que se tiene mientras se comparte con quienes valoran lo auténtico.

Viajes El Corte Inglés lanza su programación para mayores, con nuevos destinos, cruceros y ventajas de reserva

Redacción (Madrid)

Viajes El Corte Inglés presenta su nueva programación dirigida a viajeros mayores de 60 años, con una programación a precios competitivos que incluye circuitos culturales nacionales e internacionales, estancias en costa, viajes a las islas, cruceros marítimos y fluviales y escapadas navideñas. La propuesta incorpora salidas regionalizadas, para facilitar que los viajeros de distintas comunidades puedan partir desde ciudades cercanas.

Los viajeros podrán beneficiarse de ventajas exclusivas como la reserva por 14 euros, la cancelación gratuita en viajes seleccionados, 30 euros de descuento para un próximo viaje con su turoperador Club de Vacaciones, sorteo de viajes a Egipto y la posibilidad de financiación en 6 meses. La campaña nace en un contexto de fuerte dinamismo del viajero sénior —el 77% de los mayores de 55 planea viajar este año—, según datos oficiales. Bajo el lema “Te mereces viajar sí o sí”, la compañía refuerza así su compromiso con un segmento que demanda experiencias cómodas, seguras y variadas, con la garantía y el respaldo de una gran agencia de viajes.

La propuesta incluye una amplia variedad de circuitos, escapadas urbanas, estancias en costa, viajes a islas, grandes rutas internacionales, cruceros y programas especiales de Navidad, todos ellos diseñados para responder a las necesidades y preferencias de los viajeros mayores activos y con ganas de recorrer el mundo.Programación destacadaEntre los destinos nacionales destacan Benidorm o Peñíscola, las Islas (Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura, Mallorca y Menorca), el litoral peninsular y los circuitos culturales por distintas regiones de España (País Vasco francés, Picos de Europa, Pueblos Blancos, Rías Baixas…), con opciones de transporte organizado desde diversas ciudades, guías, visitas y posibilidad de solo alojamiento.

Pareja disfrutando de las vistas a un lago en un ambiente montañoso

En el ámbito internacional, sobresalen los circuitos por destinos como Italia (Costa de Amalfi, Toscana), Portugal, Egipto y Marruecos, además de una completa oferta de cruceros marítimos y fluviales que permiten recorrer el Mediterráneo, el norte de Europa o los principales ríos europeos, con extras según condiciones (p. ej., bebidas, traslados o asistente a bordo).

Para la temporada de invierno y fin de año, Viajes El Corte Inglés propone escapadas a los mercadillos navideños de Viena, los circuitos de luces en Vigo o un fin de año diferente en Marrakech, entre otras opciones.Además de la variedad de destinos en la programación, muchas de las propuestas cuentan con salidas desde diversas ciudades españolas, para facilitar al máximo la experiencia de viaje.

Del mismo modo, los viajeros que reserven ahora sus viajes podrán contar con precios competitivos y una mayor disponibilidad y planificación, dado que la programación facilita escoger plazas y fechas para la temporada de otoño-invierno, incluyendo puentes y Navidad.

Este año, solo por reservar un viaje durante la campaña, se podrá participar en el sorteo de un viaje a Egipto de Club de Vacaciones para dos personas con vuelos, estancia en El Cairo y un crucero por el Nilo de 8 días y 7 noches, traslados, visitas y guía en castellano incluidos.

Grupo de turistas preparando la ruta a su siguiente destino

En paralelo a esta programación, Club de Vacaciones, el turoperador de Viajes El Corte Inglés especializado en viajes para mayores, ofrece productos exclusivos como Pass Senior Paradores, con estancias flexibles en uno o varios Paradores, y una selección curada de circuitos culturales y cruceros pensados para este público. Los viajes de Club de Vacaciones se podrán reservar en las agencias de Viajes El Corte Inglés o en la agencia de viajes habitual.

Con esta programación, Viajes El Corte Inglés reafirma su liderazgo en la programación turística para mayores, ofreciendo excelencia, personalización, confianza, seguridad y un amplio abanico de experiencias con la garantía de una de las principales agencias de viajes del país, para un segmento que valora profundamente la confianza y la calidad en sus experiencias de viaje.

La calma mediterránea de Fornalutx, un tesoro escondido en las Baleares

Redacción (Madrid)

Enclavado en la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Fornalutx es uno de esos rincones que parecen detenidos en el tiempo. Este pequeño pueblo mallorquín, de poco más de 600 habitantes, es reconocido como uno de los más bonitos de España gracias a sus callejuelas empedradas, sus fachadas de piedra y el silencio que reina entre montañas y naranjales. La primera impresión al llegar es la de estar entrando en una postal viviente, donde la arquitectura tradicional mallorquina se funde con un entorno natural privilegiado.

La vida cotidiana en Fornalutx transcurre sin prisas. Sus plazas, como la de España, son un punto de encuentro para vecinos y visitantes, donde el café de la mañana se acompaña con conversaciones pausadas y el repique de campanas de la iglesia. El turismo, aunque presente, no ha alterado su esencia: aquí no hay grandes hoteles ni discotecas, sino pequeños alojamientos rurales y restaurantes familiares que sirven cocina mallorquina de toda la vida. El “pa amb oli” y la sobrasada, productos locales, se convierten en protagonistas de la mesa.

Uno de los grandes atractivos del municipio es su entorno natural. Rodeado de bancales centenarios de olivos y almendros, Fornalutx es punto de partida de múltiples rutas de senderismo que recorren la Tramuntana. Excursionistas de todo el mundo llegan para recorrer caminos históricos como el que conecta con Sóller, entre naranjales y vistas al Mediterráneo. En primavera y otoño, el clima suave y el paisaje en tonos verdes y dorados lo convierten en un destino ideal para quienes buscan contacto directo con la naturaleza.

A lo largo del año, las fiestas locales marcan el pulso cultural del pueblo. La celebración de las fiestas patronales en honor a la Natividad de la Virgen reúne a vecinos en bailes tradicionales, concursos gastronómicos y procesiones que conservan intactas las raíces mallorquinas. Estas festividades, lejos de ser un espectáculo turístico, refuerzan la identidad comunitaria de Fornalutx y mantienen vivas las tradiciones que han pasado de generación en generación.

En un momento en que el turismo de masas amenaza la autenticidad de muchos destinos mediterráneos, Fornalutx se alza como ejemplo de equilibrio. Ha sabido abrir sus puertas al visitante sin perder el alma que lo convierte en único. Quien llega aquí no solo encuentra un lugar de postal, sino una experiencia que invita a detener el tiempo, caminar despacio y redescubrir la esencia de lo que significa vivir en un pueblo mediterráneo.

24 horas en Santa Clara: la ciudad del Che, la música y la hospitalidad

Redacción (Madrid)

Santa Clara, corazón de Cuba y capital de la provincia de Villa Clara, es una ciudad que se vive intensamente desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Con un centro urbano vibrante, una vida cultural diversa y un ritmo cotidiano marcado por la calidez de su gente, recorrerla durante 24 horas permite descubrir un mosaico de historia, arte y tradición.

Mañana: el pulso del centro
El día comienza en el Parque Vidal, epicentro de la vida santaclareña. A primera hora, estudiantes, trabajadores y jubilados llenan la plaza, mientras las fachadas coloniales y eclécticas despiertan bajo el sol. Muy cerca, el Teatro La Caridad, joya arquitectónica del siglo XIX, recuerda la riqueza cultural de la región.
El desayuno suele acompañarse con café fuerte y pan con tortilla, servido en cafeterías locales donde los clientes se saludan como viejos conocidos.

Mediodía: mercados y sabores
Hacia el mediodía, el bullicio se traslada a los mercados y paladares. En ellos, los aromas de platos típicos como la yuca con mojo o el cerdo asado se mezclan con el sonido constante de conversaciones animadas. Una caminata por la calle Independencia, conocida popularmente como “El Boulevard”, permite apreciar el movimiento comercial y artístico: músicos callejeros, artesanos y familias se entrelazan en un retrato cotidiano de la ciudad.

Tarde: historia y arte
La tarde es ideal para visitar el monumento al Tren Blindado, sitio emblemático que narra un episodio decisivo en la historia nacional, y que se ha convertido en parada obligada para quienes buscan comprender la identidad santaclareña.
A pocos minutos, la escultura monumental del Che Guevara, ubicada en la Plaza de la Revolución, atrae a viajeros de todo el mundo. Sin embargo, más allá de los símbolos, Santa Clara vibra en sus museos, como el de Artes Decorativas, y en sus espacios alternativos de creación artística, que muestran la vitalidad cultural de la urbe.

Noche: música y bohemia
Cuando cae el sol, la ciudad se transforma. Los bares y clubes acogen a trovadores, bandas de rock y agrupaciones de música popular, que encuentran en Santa Clara un público fiel y apasionado. El Mejunje, centro cultural de vanguardia, es uno de los lugares más singulares: un espacio abierto a la música, el teatro y la convivencia diversa.
Entre mojitos y guitarras, la noche santaclareña se extiende hasta la madrugada, confirmando que la ciudad nunca pierde su energía.

Una ciudad que se vive
Recorrer Santa Clara en 24 horas es comprobar cómo en cada esquina conviven la memoria histórica, la tradición popular y la creatividad contemporánea. Es una ciudad que late al ritmo de su gente, donde el visitante no se siente extraño, sino parte de un entramado urbano en constante movimiento.

Recorriendo los Skate Parks más icónicos de Estados Unidos

Redacción (Madrid)

El skateboarding, nacido en las calles de California en la década de 1960, es hoy un deporte global y un estilo de vida que combina creatividad, libertad y cultura urbana. Estados Unidos, cuna de esta disciplina, alberga algunos de los skate parks más icónicos del mundo, destinos que atraen tanto a patinadores como a viajeros interesados en conocer espacios donde la arquitectura urbana se convierte en arte y movimiento.

Uno de los lugares imprescindibles es Venice Beach Skatepark, en Los Ángeles, California. Ubicado frente al mar, este parque se ha convertido en símbolo del skate californiano. Sus bowls, rampas y barandillas reciben a patinadores de todas partes, mientras el océano Pacífico sirve de telón de fondo. La atmósfera es vibrante: música, grafitis, turistas y locales se mezclan en un espacio que representa la esencia libre y artística del skate.

Otro destino destacado es el Burnside Skatepark en Portland, Oregón. Construido por la comunidad de patinadores a principios de los años noventa bajo un puente de la ciudad, este lugar se convirtió en un ícono del skate DIY (“hazlo tú mismo”). Su origen alternativo y su diseño único lo han hecho famoso en películas, videojuegos y revistas especializadas. Hoy, visitar Burnside es experimentar un pedazo de historia viva de la cultura del skateboarding.

Más al sur, en San Diego, se encuentra el Washington Street Skatepark, otro ejemplo de espacio comunitario creado por skaters. Sus transiciones rápidas y su ambiente auténtico lo convierten en un sitio legendario para quienes buscan una experiencia intensa, lejos de los parques más comerciales.

En la costa este, FDR Skatepark en Filadelfia es otra parada obligatoria. Construido bajo una autopista, combina la crudeza del concreto con la creatividad de sus rampas y bowls. El lugar transmite la fuerza de una comunidad que encontró en el skate un medio de expresión y pertenencia. Además, es famoso por su atmósfera rebelde y por ser escenario de competencias y eventos que celebran la cultura urbana.

Por último, vale mencionar The Berrics en Los Ángeles, un skatepark privado fundado por los patinadores Steve Berra y Eric Koston. Aunque no es de acceso público, ha alcanzado fama mundial gracias a los videos de alta calidad que allí se producen, convirtiéndose en una referencia mediática para millones de skaters en todo el planeta.

Estos parques no solo son espacios deportivos: también son destinos turísticos culturales. En ellos, el viajero encuentra un ambiente donde confluyen música, arte urbano y comunidad. Son escenarios que permiten entender cómo el skateboarding dejó de ser una práctica marginal para convertirse en un deporte olímpico, sin perder su espíritu rebelde y creativo.

En conclusión, recorrer los skate parks icónicos de Estados Unidos es adentrarse en la historia y en la esencia de una cultura que transformó el asfalto en lienzo y las rampas en escenario. Cada uno de estos parques cuenta una historia distinta, pero todos comparten la misma energía: la pasión por deslizarse, crear y desafiar los límites de la ciudad.

La Ciénaga, vida, historia y paisaje en un rincón del suroeste dominicano


Redacción (Madrid)
Enclavada entre la Sierra de Bahoruco y el mar Caribe, La Ciénaga, provincia de Barahona, es una comunidad que mezcla lo pintoresco con lo olvidado, lo natural con lo ancestral. A tan solo 18 kilómetros de la ciudad de Barahona, este municipio, elevado oficialmente en junio de 2004, exuda el silencio de los pueblos que crecieron más con la labor del campesino y el pescador que con la diplomacia o el turismo. Con unos 8.600 habitantes, La Ciénaga se divide en zonas rurales extensas y un casco urbano que funciona como puerta de entrada hacia playas, montañas y una identidad que late apenas bajo los mapas turísticos convencionales.


Poco se sabe fuera de la provincia acerca de los orígenes de La Ciénaga, que se remontan a la guerra de la Restauración. Fundada en 1863 por desertores de ese conflicto, entre ellos personas como Magdalena Guevara, esta localidad nació de la unión de culturas españolas y cocolo – comunidades afrocaribeñas anglófonas que migraron en diferentes momentos a República Dominicana. Esa genealogía híbrida se manifiesta hoy en costumbres, palabras, música, formas de vida, y es uno de los elementos que le da carácter a sus fiestas, sus festivales, el habla de sus gentes.


El paisaje natural de La Ciénaga lo convierte en una joya aún por descubrir. Desde sus playas como Playa La Ciénaga y Playa el Quemaito, hasta los ríos como El Cacao o Bahoruco, pasando por la vegetación exuberante del Bosque Húmedo del Cachote, el pueblo ofrece escenarios diversos que combinan montañas, costa y agua dulce. Sin embargo, el acceso es desigual: las carreteras que conectan desde Barahona lo hacen parcialmente por vías sin asfaltar, especialmente en los sectores montañosos, lo que limita el flujo de visitantes y también el desarrollo de infraestructuras adecuadas.


La economía de La Ciénaga se articula principalmente alrededor de la agricultura, la pesca, la artesanía y la extracción de larimar – esa piedra semipreciosa única en el mundo, que ha llegado a simbolizar parte de la identidad artesanal de esta zona. En contraste, los niveles de pobreza son significativos: según algunos informes, alrededor del 65 % de los hogares viven en pobreza, y más de un tercio en pobreza extrema. Estas cifras reflejan no solo la falta de oportunidades económicas, sino también avanzan sobre temas como la desigualdad en servicios básicos —agua potable, acceso eléctrico en algunas comunidades, circulación vial, conectividad— elementos que condicionan la vida diaria.


A pesar de los retos, en La Ciénaga se percibe una energía de resistencia y de orgullo local. Las iniciativas turísticas están emergiendo —sobre todo ecoturismo, senderismo, visitas a playas menos concurridas—, y hay un creciente interés en preservar los valores naturales y culturales que hacen único al pueblo. Asimismo, algunos habitantes reclaman mejoras concretas: mayor infraestructura escolar, salud, transporte y apoyo al emprendimiento local para que los beneficios no se limiten al exterior sino que reviertan en quienes han resistido generaciones entre montañas y manglares. En definitiva, La Ciénaga es un ejemplo de los muchos pueblos dominicanos cuyo rostro no aparece siempre en las portadas, pero que contiene historias esenciales para entender el país.


La Central Nuclear abandonada de Juraguá, un viaje a lo inesperado

Redacción (Madrid)

Cuando se habla de turismo en Cuba, lo primero que viene a la mente son playas de aguas cristalinas, ciudades coloniales y ritmos caribeños. Sin embargo, existe un rincón muy distinto y sorprendente en las afueras de Cienfuegos: la central nuclear de Juraguá, un complejo nunca terminado que hoy se alza como un espacio cargado de misterio y curiosidad para los viajeros.

El lugar fue concebido como una gran obra de ingeniería, pero quedó inconcluso y abandonado. Con el paso de los años, se transformó en un escenario singular donde el silencio y las estructuras de hormigón crean una atmósfera única. Para los amantes de la fotografía, de lo insólito y de los paisajes industriales, este complejo representa un tesoro oculto.

Caminar por sus alrededores es como entrar en un mundo detenido en el tiempo. Los edificios, las torres metálicas y las salas vacías transmiten una sensación de grandeza olvidada. Al mismo tiempo, la naturaleza ha comenzado a reclamar el espacio: maleza, arbustos y aves conviven entre las estructuras, generando un contraste visual fascinante entre lo natural y lo artificial.

Este tipo de destino se enmarca dentro del llamado turismo alternativo, que busca explorar lugares poco convencionales. La central de Juraguá atrae a viajeros curiosos que desean salir de las rutas turísticas tradicionales y vivir experiencias diferentes, donde la historia arquitectónica e industrial se convierte en protagonista.

Además, la cercanía con la ciudad de Cienfuegos, conocida como la “Perla del Sur”, convierte a este recorrido en una excursión complementaria. Tras visitar el centro histórico de la ciudad, con su estilo neoclásico y su encanto marítimo, acercarse a Juraguá ofrece un contraste sorprendente: de lo luminoso y urbano a lo enigmático y silencioso.

En conclusión, la central nuclear de Juraguá no es un sitio turístico convencional, pero sí un lugar que despierta la imaginación. Es un espacio que invita a la contemplación, a la fotografía y a la búsqueda de lo extraordinario en rincones inesperados de la isla. Para quienes disfrutan de lo diferente, Juraguá se convierte en un viaje al pasado detenido, donde el tiempo parece haberse quedado quieto entre estructuras imponentes y paisajes olvidados.