Se inaugura la nueva barra de Diurno que no dejará indiferente a nadie

Redacción (Madrid)

Chueca es sin duda el barrio más cosmopolita de Madrid. En numerosas ocasiones es comparado con el SOHO de Nueva York. El barrio de Chueca destaca por sus calles estrechas, repletas de bares, restaurantes y comercios, y por su activa vida diurna y nocturna.Y entre todos los locales se encuentra DIURNO (San Marcos, 37, https://www.diurno.com).

Considerado como uno de mejores restaurantes de Madrid con un espacio muy amplio, de techos altos, con una sala principal rodeada de grandes ventanales a la calle y ahora con su nueva barra situada en la parte central del restaurante creando un nuevo espacio para comer o cenar sentado.

La nueva barra tiene una decoración vintage&musical, con vinilos recordando las épocas doradas de la música y una carta con mucho ritmo en forma de tapas y raciones como: ensaladilla rusa, los ya famosos tacos de oreja, o la nueva cazuela de mejillones en salsa. Y para maridar las tapas o raciones te encontraras las nuevas bebidas FROZEN: Frozen Aperol, Frozen Margarita, Frozen Limoncello by Villla Massa, Frozen Tinto de Verano.

Además el local es considerado como una de las mejores opciones para disfrutar de un estupendo afterwork con amigos o de una cena seguida de cocktail, gracias a ser uno de los locales más animados e icónicos de la ciudad.

Los teatros de Pekín: el alma escénica de la capital china

Redacción (Madrid)

Pekín, la capital de la República Popular China, no solo es un centro político y económico de relevancia mundial, sino también un faro cultural donde la tradición y la modernidad se entrelazan en perfecta armonía. Entre sus innumerables expresiones artísticas, los teatros de Pekín ocupan un lugar especial, pues son los guardianes vivos de una herencia escénica milenaria. En sus escenarios, la historia, la música, la danza y la ópera confluyen para ofrecer al visitante una experiencia que va más allá del entretenimiento: un viaje al corazón del arte chino.

La Ópera de Pekín (Jīngjù) es una de las formas teatrales más antiguas y representativas de China. Nacida en el siglo XVIII durante la dinastía Qing, combina canto, declamación, actuación y artes marciales en un espectáculo de gran colorido. Los teatros que la presentan son auténticos templos de la cultura tradicional.

Entre los más emblemáticos destaca el Teatro Liyuan, ubicado en el distrito de Xicheng. Este espacio es conocido por ofrecer representaciones fieles a las tradiciones originales, donde los artistas lucen elaborados maquillajes faciales que simbolizan virtudes y defectos de los personajes. Asistir a una función allí es como retroceder en el tiempo y presenciar la grandeza de la antigua corte imperial.

Otro escenario destacado es el Teatro Chang’an, considerado uno de los más prestigiosos de Pekín. Con tecnología moderna y acústica impecable, combina producciones tradicionales con espectáculos adaptados al público contemporáneo. Sus funciones son una síntesis entre la estética clásica y las nuevas tendencias escénicas.

A pocos pasos de la Plaza de Tiananmén se alza el imponente Gran Teatro Nacional de China, también conocido como el “Huevo Gigante” por su distintiva cúpula ovalada de titanio y cristal. Inaugurado en 2007, este edificio es una obra maestra de la arquitectura moderna diseñada por el francés Paul Andreu.

El complejo alberga tres grandes salas dedicadas a la ópera, la música sinfónica y el teatro dramático. Es un símbolo del Pekín contemporáneo y una vitrina internacional para artistas de todo el mundo. Allí se presentan desde óperas occidentales como La Traviata o Carmen, hasta versiones modernas de clásicos chinos. Para el viajero, visitar este teatro es una experiencia doble: admirar una joya arquitectónica y disfrutar de un espectáculo de primer nivel en un entorno cultural incomparable.

Más allá de los grandes escenarios, Pekín conserva numerosos teatros pequeños y casas de té con espectáculos, donde el arte se vive de forma íntima y cercana. Espacios como el Teatro Zhengyici, uno de los más antiguos del país, ofrecen funciones en ambientes tradicionales de madera decorada con motivos imperiales. En estos lugares, los visitantes pueden disfrutar de representaciones breves mientras degustan té y bocadillos locales, recuperando el espíritu de los antiguos entretenimientos urbanos.

Asimismo, nuevos espacios culturales como el Teatro Poly o el Beijing People’s Art Theatre promueven obras modernas, fusiones experimentales y teatro contemporáneo, mostrando que la escena pekinesa no es solo una reliquia, sino un organismo vivo en constante evolución.

Los teatros de Pekín representan mucho más que lugares de espectáculo: son puentes entre el pasado y el presente, donde el arte escénico refleja la identidad y la evolución cultural de China. Desde la solemnidad de la Ópera de Pekín hasta la vanguardia del Gran Teatro Nacional, cada escenario ofrece una mirada distinta sobre el alma del pueblo chino.

Para el turista, asistir a una función teatral en Pekín no es simplemente ver una obra: es sumergirse en siglos de historia, belleza y tradición. Por ello, los teatros de la capital no solo enriquecen la vida cultural de sus habitantes, sino que también se han convertido en un destino imprescindible para quienes buscan comprender la verdadera esencia artística de China.

Cahecho, el secreto tranquilo de Liébana

Redacción (Madrid)

En lo profundo de Liébana, a unos once kilómetros de Potes, se encuentra Cahecho, un pequeño pueblo cántabro de apenas cuarenta habitantes que parece detenido en el tiempo. Sus calles empedradas, las casas de piedra con balcones de madera y los tejados rojizos conforman una estampa típica del norte más rural, pero sin la presencia del turismo masivo que ha transformado otras zonas de Cantabria. En Cahecho, el silencio es parte del paisaje, roto solo por el canto de los pájaros o el sonido de algún tractor que recorre las praderas.


Aunque no presume de grandes monumentos, Cahecho conserva una historia viva en sus construcciones tradicionales y en la memoria de sus vecinos. Antiguos hórreos, molinos y muros de piedra seca recuerdan la época en que la vida giraba en torno al pastoreo y la agricultura. Cada rincón parece contar un fragmento de ese pasado sencillo, cuando la supervivencia dependía del trabajo colectivo y del respeto por la tierra. Es, en cierto modo, un museo al aire libre, donde el patrimonio no se exhibe, sino que se habita.

El entorno natural que rodea al pueblo es, sin duda, su mayor tesoro. Desde los miradores y caminos que lo bordean se pueden contemplar las cumbres de la Peña Sagra y la Cordillera Cantábrica, que en los días claros se tiñen de un azul profundo. Los senderos que parten de Cahecho invitan a caminar entre bosques de robles y castaños, donde la humedad perfuma el aire y la sensación de desconexión es absoluta. Es un lugar pensado para observar, respirar y dejarse envolver por el ritmo pausado del campo.


Vivir en Cahecho no es fácil. El aislamiento, el envejecimiento de la población y la falta de servicios son realidades que sus habitantes afrontan con resignación y orgullo. En invierno, la nieve puede cortar los accesos durante días, y la conexión con el resto del valle se complica. Sin embargo, quienes permanecen lo hacen por amor a su tierra y por una forma de vida que, aunque exigente, resulta profundamente auténtica. La comunidad se mantiene unida, preservando costumbres y celebraciones que apenas han cambiado en generaciones.


Para el viajero que busca algo diferente, Cahecho ofrece una experiencia de serenidad difícil de encontrar en otros lugares. No hay grandes hoteles ni restaurantes de moda, pero sí hospitalidad, calma y un paisaje que invita a detener el tiempo. Quien llega hasta aquí descubre que el encanto del pueblo no reside en lo que ofrece, sino en lo que permite recuperar: la quietud, la conversación pausada y el placer de mirar las montañas sin prisas. En un mundo que corre demasiado, Cahecho sigue, con orgullo, a su propio paso.


La Real fábrica de tabacos Partagás en La Habana

Redacción (Madrid)

Cuba tiene pocas industrias que armonicen tan bien historia, cultura, economía y sensualidad como la del habano. Desde los fértiles valles de Vuelta Abajo hasta los salones de lujo de Europa y Asia, los puros cubanos son un ícono mundial. En el corazón de esa cadena se encuentra la fábrica, ese lugar donde el tabaco, la tradición artesanal y el fuego humano se funden. Si hay una fábrica que representa ese espíritu cubano, esa es la Real Fábrica de Tabacos Partagás, en La Habana.

Fundada en 1845 por el empresario español Jaime Partagás, esta fábrica ha sido testigo de la evolución del habano a lo largo de casi dos siglos. Ha sobrevivido a guerras, revoluciones y transformaciones políticas, sin perder nunca su esencia artesanal ni su profundo vínculo con la cultura cubana. Su edificio colonial, de fachada elegante y colorida, se encuentra en pleno Centro Habana, justo detrás del Capitolio, lo que la convierte en un punto neurálgico para el turismo y la vida habanera.

Entrar en Partagás es adentrarse en un universo sensorial donde cada detalle tiene un significado. El aroma del tabaco impregnando el aire, el sonido de las manos expertas enrollando las hojas y la luz que se filtra por los ventanales antiguos componen una atmósfera única. Allí, el visitante puede apreciar la meticulosidad del proceso artesanal: la selección de las hojas provenientes de Pinar del Río, su fermentación, el secado y finalmente el torcido, realizado a mano por artesanos que han heredado el oficio generación tras generación. Cada puro es una pequeña obra de arte, resultado de una combinación precisa de técnica, paciencia y sensibilidad.

Una de las tradiciones más singulares que aún se conserva en Partagás es la del lector de tabaquería. Mientras los trabajadores torcedores se concentran en su labor, una voz en el salón lee en voz alta novelas, periódicos y textos de actualidad. Esta costumbre, que data del siglo XIX, dota al trabajo de un ritmo casi poético y reafirma el vínculo entre cultura y trabajo manual.

Para los visitantes, la experiencia va mucho más allá de observar el proceso de fabricación. El recorrido permite conocer la historia del habano como símbolo nacional y descubrir cómo la tradición artesanal ha resistido el paso del tiempo. En su interior también funciona un pequeño museo que exhibe instrumentos antiguos, fotografías y documentos que narran la evolución de la fábrica y su importancia para la economía cubana. Además, la tienda anexa ofrece la posibilidad de adquirir los célebres puros Partagás y disfrutar de ellos en un ambiente que combina historia y elegancia.

Partagás es más que una fábrica: es un emblema de la identidad cubana. Representa el orgullo del trabajo manual y la fidelidad a una tradición que ha hecho del habano un producto de prestigio mundial. Económicamente, las fábricas de tabaco como esta constituyen uno de los pilares de la exportación cubana, generando empleo y fortaleciendo la imagen del país en el exterior. Sin embargo, también enfrentan grandes desafíos: mantener la calidad ante la variabilidad de las cosechas, preservar los oficios tradicionales en un contexto globalizado y garantizar un turismo sostenible que respete tanto el edificio histórico como el ritmo de trabajo artesanal.

Visitar la Real Fábrica de Tabacos Partagás es, en definitiva, adentrarse en el alma de Cuba. No se trata solo de observar cómo se elaboran los puros más famosos del mundo, sino de entender una forma de vida marcada por la paciencia, la destreza y el orgullo de crear algo que lleva impreso el espíritu de una nación. En cada hoja enrollada, en cada aroma que flota en el aire, late la historia de un pueblo que ha sabido convertir su arte en legado. Para todo viajero que busque comprender el corazón cultural de la isla, Partagás no es simplemente una parada turística: es una experiencia inolvidable.

Punta Cana: donde el Caribe se vuelve experiencia

Redacción (Madrid)

PUNTA CANA, República Dominicana — Amanecer en Punta Cana es presenciar cómo el Caribe se despierta con suavidad. El sonido del oleaje se mezcla con el rumor de las palmas y el aroma a café recién colado. En este rincón del este dominicano, la promesa de sol, arena y mar se convierte en una experiencia que trasciende lo turístico para volverse casi ritual.

Más allá del “todo incluido”

Durante años, Punta Cana ha sido sinónimo de resorts de lujo, piscinas infinitas y cócteles servidos con precisión milimétrica. Sin embargo, la región ofrece mucho más que el confort de sus complejos hoteleros. A unos minutos de los hoteles, la vida local late con fuerza en comunidades como Verón o Higüey, donde los mercados, las iglesias y la música bachatera revelan el alma dominicana.

En Higüey, la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia —una joya de arquitectura moderna y símbolo religioso del país— atrae tanto a creyentes como a curiosos. Sus arcos monumentales y vitrales coloridos contrastan con la sencillez del entorno.

Aventura bajo el sol

Para quienes buscan acción, Punta Cana ofrece un menú amplio: desde snorkel entre peces tropicales en la Isla Saona, hasta recorridos en buggy por las plantaciones de cacao y caña de azúcar. Los amantes del mar pueden practicar kitesurf en las playas de Cabeza de Toro o sumergirse en las aguas cristalinas de Playa Blanca, donde los arrecifes parecen flotar bajo un cielo líquido.

Una de las experiencias más recomendadas es navegar hasta Isla Catalina, un paraíso coralino donde el esnórquel se convierte en espectáculo. Allí, el silencio solo se rompe con el sonido de las burbujas y el eco distante de alguna embarcación.

Gastronomía y ritmo

La comida dominicana es una celebración del sabor y la mezcla. En los restaurantes locales, el mangú con cebolla, el pescado frito con tostones y el sancocho conviven con menús internacionales de alta cocina. En la zona de Los Corales, los nuevos bistrós caribeños ofrecen platos creativos que fusionan productos locales con técnicas modernas.

Y cuando cae la noche, la fiesta comienza. Bares como Coco Bongo o Imagine Cave —instalado en una cueva natural— atraen a visitantes que buscan bailar hasta el amanecer entre luces y ritmos tropicales. Aquí, la bachata y el merengue no se bailan: se viven.

Naturaleza en estado puro

A pocos kilómetros de los complejos turísticos, el Parque Ecológico Ojos Indígenas es una reserva privada que protege doce lagunas de agua dulce rodeadas de vegetación nativa. Un paseo por sus senderos es un respiro verde en medio del bullicio caribeño. En cada rincón, el visitante encuentra la calma que solo la naturaleza puede ofrecer.

El Caribe que se recuerda

Punta Cana no es solo un destino de postal; es un mosaico de experiencias que se entrelazan entre la hospitalidad dominicana, el paisaje y la alegría contagiosa de su gente. Como dicen los locales, “quien viene a Punta Cana, no se va del todo”: algo del mar, del sol o de la sonrisa de un camarero siempre se queda grabado en la memoria.

El Museo Curie; descubre la historia y misterios detrás del Radio y sus descubridores

Tamara Cotero

En pleno corazón del Barrio Latino, en el distrito cinco de París, se encuentra un lugar que combina la emoción de la historia con la grandeza de la ciencia: el Museo Curie. Este espacio, ubicado en el antiguo laboratorio del Instituto del Radio, es mucho más que una exposición de objetos antiguos; es un testimonio vivo de la pasión, el esfuerzo y el ingenio de una de las científicas más admirables de todos los tiempos, Marie Curie. Caminar por sus pasillos es recorrer los inicios de una revolución científica que transformó la medicina y la comprensión de la materia, y es también adentrarse en la vida de una mujer que, con humildad y perseverancia, cambió para siempre el destino de la humanidad.

El Instituto del Radio fue fundado en 1909 gracias a la colaboración entre la Universidad de París y el Instituto Pasteur. Su propósito era estudiar la radioactividad, un fenómeno apenas comprendido entonces, pero que ya prometía aplicaciones extraordinarias en la física, la química y la medicina. Entre 1911 y 1915 se construyó el Pabellón Curie, donde Marie Curie dirigió su laboratorio hasta su muerte en 1934. En esas mismas instalaciones, su hija Irène Curie y su yerno Frédéric Joliot descubrirían, en 1934, la radioactividad artificial, hallazgo que les valdría el Premio Nobel de Química al año siguiente. Es, por tanto, un lugar donde se entrelazan generaciones de científicos dedicados al conocimiento y al servicio de la humanidad.

El museo, ubicado en la planta baja del histórico Pabellón Curie, conserva el laboratorio original donde Marie trabajaba, con su mesa de experimentos, sus cuadernos, instrumentos y muebles. La atmósfera que se respira allí es única: no es un museo de recreaciones, sino un espacio auténtico donde aún se siente la presencia del trabajo silencioso y meticuloso de la científica. La exposición permanente combina objetos personales con material fotográfico, documentos originales y explicaciones sobre los descubrimientos de la familia Curie y su aplicación en el tratamiento del cáncer. En el jardín, diseñado por la propia Marie en 1912, se puede descansar un momento, rodeado de plantas y de la tranquilidad que ella misma buscaba entre sus experimentos.

La visita al Museo Curie es gratuita y accesible para todo el público, lo cual refuerza el espíritu de generosidad y compromiso con la educación que caracterizó a su fundadora. Es un museo pequeño, íntimo y silencioso, alejado del bullicio turístico de París, pero cargado de una energía especial. Allí se comprende que la ciencia no es solo una acumulación de datos, sino una aventura humana que requiere curiosidad, coraje y sacrificio. Algunos de los objetos que se conservan aún contienen trazas residuales de radiactividad, recordatorio tangible de los riesgos que Marie Curie enfrentó sin saberlo, entregando su salud y su vida al progreso científico.

Lo que hace de este museo un destino excepcional no es solo su valor histórico, sino su capacidad para conectar la ciencia con la emoción. Cada rincón refleja la historia de una mujer que rompió barreras de género, que trabajó sin descanso en un mundo dominado por hombres, que ganó dos premios Nobel en distintas disciplinas y que, aun así, mantuvo siempre la modestia de una maestra y madre dedicada. Su legado no se limita a los descubrimientos sobre el radio y el polonio, sino que se extiende al ámbito humano: la idea de que la investigación científica debe tener un propósito ético y social.

Visitar el Museo Curie es una experiencia profundamente inspiradora. No es una atracción turística más, sino un viaje interior hacia el origen del conocimiento moderno y hacia la historia de quienes lo construyeron con su esfuerzo y su fe en la razón. Es, en definitiva, una invitación a reflexionar sobre el poder transformador de la ciencia y sobre la grandeza de quienes, como Marie Curie, dedicaron su vida a iluminar el mundo, aun cuando esa luz provenía de una sustancia tan peligrosa y fascinante como el radio. En medio de una ciudad que celebra el arte y la belleza, el Museo Curie nos recuerda que también la ciencia tiene su poesía, su heroísmo y su inmortalidad.

Sagunto; historia viva entre el mar y la montaña

Redacción (Madrid)

Sagunto, situada en la provincia de Valencia, es uno de los destinos turísticos más fascinantes de la Comunidad Valenciana por su capacidad de unir historia, cultura y paisaje en un solo enclave. Con más de dos milenios de antigüedad, esta ciudad ha sido testigo de los grandes acontecimientos que han marcado el desarrollo del Mediterráneo occidental, desde la época ibérica hasta la actualidad.

El principal atractivo de Sagunto es su impresionante patrimonio histórico. La ciudad fue una de las más importantes de la antigua Hispania y alcanzó gran relevancia durante la dominación romana. El Castillo de Sagunto, que se alza majestuoso sobre la colina y domina toda la comarca del Camp de Morvedre, constituye un símbolo del paso del tiempo. Sus murallas, que mezclan restos íberos, romanos, medievales y modernos, son un auténtico museo al aire libre que permite al visitante recorrer siglos de historia en apenas unos metros.

A los pies del castillo se encuentra el Teatro Romano, restaurado y todavía en uso para representaciones y festivales culturales. Este espacio, declarado Monumento Nacional, combina la majestuosidad clásica con la vitalidad contemporánea, convirtiéndose en uno de los principales puntos de encuentro entre el arte antiguo y la cultura moderna.

El casco histórico de Sagunto es un entramado de callejuelas que conserva la esencia mediterránea. Al recorrerlo, se descubren restos de la antigua judería, iglesias medievales y casas señoriales que hablan del esplendor pasado. Cada rincón invita a la contemplación, mientras el ambiente sereno y el aroma del azahar recuerdan la cercanía del mar.

A escasos kilómetros del núcleo histórico, el Puerto de Sagunto ofrece un contraste perfecto entre tradición y modernidad. Lo que en su día fue una zona industrial ligada a la siderurgia, hoy se ha transformado en un espacio de ocio y turismo. Su larga playa de arena fina, galardonada con bandera azul, es ideal para disfrutar del sol mediterráneo, practicar deportes acuáticos o degustar una paella junto al mar. Además, su paseo marítimo, lleno de vida durante todo el año, refleja la hospitalidad de sus habitantes y el carácter alegre del litoral valenciano.

Sagunto no solo es historia y mar. También ofrece experiencias culturales y gastronómicas únicas. Los festivales de teatro clásico, las fiestas patronales y la gastronomía local —donde destacan los arroces, las tapas de mar y los dulces tradicionales— completan una oferta turística diversa. En los alrededores, el Parque Natural de la Sierra Calderona invita a los amantes del senderismo a disfrutar de vistas panorámicas y de un entorno natural protegido.

Visitar Sagunto es adentrarse en un viaje por el tiempo. Su riqueza patrimonial, su vida cultural y su entorno mediterráneo convierten esta ciudad en un destino imprescindible para quienes buscan algo más que un simple lugar de vacaciones. Sagunto es una ciudad que no se limita a mostrar su historia: la vive, la respira y la comparte con quienes llegan dispuestos a descubrirla.

Carlos Sobera entregará el premio más destacado en la gala de los Premios Agüera del Turismo, presentada por el actor Juan Díaz

Por M.A. Mendoza

El turismo suma un nuevo escaparate para reconocer el talento y la excelencia. El Grupo Agüera Comunicación, responsable de las revistas Lugares y Más y Travel Business, así como del programa de radio Marca Exclusiva, anuncia la celebración de la primera edición de los Premios Agüera del Turismo, una iniciativa que nace para dar visibilidad a los profesionales y empresas que marcan la diferencia en el sector turístico iberoamericano.

La gran gala de entrega, que se celebrará en enero de 2026, contará con el actor Juan Díaz como maestro de ceremonias. Conocido por su amplia trayectoria en televisión, cine y teatro, Díaz aportará su carisma y cercanía a un evento que reunirá a hoteleros, agencias de viaje, destinos, touroperadores y medios de comunicación.

Como gran novedad, el conocido presentador y empresario Carlos Sobera será el encargado de entregar el galardón más destacado de la noche, un reconocimiento especial al liderazgo y la innovación en la industria turística. Su participación añade un componente de prestigio y proyección mediática a unos premios que nacen con vocación de continuidad.

El periodista David Agüera, CEO del grupo organizador, explica el propósito del proyecto:

“Queremos reconocer la buena labor de aquellos que trabajan por el sector en tres líneas: calidad, innovación y revelación. Los Premios Agüera del Turismo pretenden convertirse en un sello de prestigio para el turismo de España, Portugal y Latinoamérica.”

La dinámica de los premios será clara y transparente: la dirección editorial de Agüera Comunicación propondrá tres finalistas por categoría, y un jurado profesional será el encargado de elegir a los ganadores.

Además, el grupo ha confirmado que la próxima semana se dará a conocer la composición del jurado, integrado por figuras destacadas del sector turístico, la comunicación y la empresa, que aportarán rigor y credibilidad al proceso de selección.

Con más de dos décadas de experiencia en comunicación turística, Agüera Comunicación reafirma así su compromiso con una industria que no deja de reinventarse. Desde la cercanía de Lugares y Más, la visión empresarial de Travel Business y el tono exclusivo de Marca Exclusiva, el grupo editorial impulsa con estos galardones un proyecto que busca consolidarse como referente de excelencia y reconocimiento en el turismo iberoamericano.

Pedernales: la joya olvidada del sur dominicano que despierta al turismo sostenible

Redacción (Madrid)

PEDERNALES, República Dominicana. — En el extremo más suroccidental del país, donde el azul del mar Caribe se funde con el verde de la Sierra de Bahoruco, se encuentra Pedernales, una provincia que durante décadas permaneció en el olvido, pero que hoy se perfila como uno de los destinos con mayor potencial turístico y ecológico de la República Dominicana.

Con apenas 20 mil habitantes, este rincón fronterizo con Haití guarda algunos de los paisajes más vírgenes del Caribe. Playas de arena blanca, montañas cubiertas de pinos, ríos cristalinos y una biodiversidad única hacen de Pedernales un paraíso natural que comienza a atraer miradas nacionales e internacionales.

Un futuro en construcción

El gobierno dominicano ha apostado por convertir la zona en un modelo de turismo sostenible. El “Proyecto de Desarrollo Turístico de Pedernales”, una ambiciosa iniciativa pública-privada, busca transformar la región mediante la construcción de hoteles ecológicos, un aeropuerto internacional y una infraestructura moderna, sin sacrificar su equilibrio ambiental.

“Pedernales no será otro destino de turismo masivo; será un ejemplo de cómo convivir con la naturaleza”, declaró recientemente David Collado, ministro de Turismo, durante una visita de supervisión de las obras en Cabo Rojo, el corazón del proyecto.

La magia de sus paisajes

Desde el Parque Nacional Jaragua hasta la paradisíaca Bahía de las Águilas —considerada una de las playas más bellas y prístinas del mundo—, Pedernales ofrece un espectáculo natural incomparable. En el camino, los visitantes pueden avistar flamencos rosados en la Laguna de Oviedo, explorar senderos en la Sierra de Bahoruco o disfrutar de la calidez de sus comunidades rurales.

La pesca artesanal, la producción de café y la agricultura de subsistencia son, hasta ahora, las principales fuentes de vida para los habitantes de la provincia. Sin embargo, el auge del turismo promete diversificar la economía local, aunque también plantea desafíos en materia ambiental y social.

Un destino por descubrir

A pesar de los retos, Pedernales sigue siendo un territorio de esperanza. Su autenticidad, su gente y su belleza intacta representan una oportunidad única para redefinir el turismo dominicano bajo principios de sostenibilidad y respeto por la naturaleza.

Mientras el sol se oculta sobre el horizonte de Cabo Rojo y el viento sopla desde las montañas, Pedernales parece despertar lentamente, consciente de que el futuro ya ha comenzado —y que el mundo está a punto de descubrir su verdadero encanto.

Villanueva de la Fuente, el secreto mejor guardado de La Mancha

Redacción (Madrid)

En el corazón de Castilla-La Mancha, donde los campos se tiñen de dorado al caer la tarde y el aire huele a tomillo y pan recién hecho, se esconde Villanueva de la Fuente, un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real que, pese a su discreción, guarda un encanto que atrapa a quien lo descubre. Con poco más de dos mil habitantes, este rincón manchego conserva intacta la esencia de la vida rural y un legado histórico que se remonta a tiempos romanos.


Uno de sus mayores tesoros es el yacimiento arqueológico de Mentesa Oretana, un enclave romano que fue punto estratégico en la antigua vía que unía Levante con el interior peninsular. Los vestigios de calzadas, muros y cerámicas conviven hoy con la curiosidad de los visitantes que buscan sumergirse en la historia. “Aquí cada piedra tiene una historia que contar”, comenta orgulloso Juan Manuel, el cronista local, mientras muestra los restos del foro con la misma pasión con la que un abuelo narra sus recuerdos.


Más allá del pasado, Villanueva de la Fuente es también presente vivo. Sus calles, adornadas con balcones de forja y macetas rebosantes de geranios, son escenario de fiestas patronales donde la música, la risa y el olor a migas se mezclan en perfecta armonía. La fuente vieja, que da nombre al municipio, sigue siendo punto de encuentro: allí los mayores charlan a la sombra de los olmos, mientras los niños corren detrás de una pelota o del rumor del agua.


La gastronomía local es otra razón para detenerse. Platos como el pisto manchego, el guiso de cordero, o el pan de cruz cocido en horno de leña, se sirven con generosidad y vino de la tierra. En el mesón de la plaza, la cocinera María afirma que “quien prueba nuestro gazpacho pastor no se olvida de Villanueva”. Y no le falta razón: aquí el tiempo parece detenerse para saborear lo sencillo, lo auténtico.


Hoy, mientras otros pueblos luchan contra la despoblación, Villanueva de la Fuente resiste gracias al empeño de sus vecinos y a un turismo rural cada vez más consciente. Entre los montes que la abrazan y las tradiciones que aún se celebran, este pequeño pueblo de La Mancha recuerda al visitante que la belleza no siempre está en los grandes destinos, sino en los lugares que saben conservar su alma.