La BTL Lisboa vuelve en marzo para impulsar la recuperación del turismo en 2022

Redacción (Madrid)

Promovida por la Fundación AIP, la 33ª edición de la BTL pretende reforzar su condición de mayor evento turístico de Portugal, contribuyendo decisivamente a la recuperación de este importante sector de la economía nacional. La BTL vuelve en marzo con la ambición de promover la rápida recuperación del sector turístico en 2022, del 16 al 20 de marzo.

Para ello, esta edición de la BTL presentará numerosas novedades y nuevos sectores, como la innovación, la cultura, el enoturismo y el turismo de naturaleza, así como un programa de compradores internacionales, organizado en colaboración con la Oficina de Turismo de Portugal y TAP, que ya ha tenido una gran respuesta por parte de los principales actores del sector. Así, la BTL pretende ofrecer un espacio único de escaparate, negocio y networking donde, durante cinco días, los profesionales y el público tengan la oportunidad de conocer las tendencias, servicios y productos nacionales e internacionales del sector turístico.

El Algarve es una de las zonas turísticas más importantes de Portugal, Lugares y Más

Para el público, ya es ineludible el paquete de ofertas promocionales disponibles, que permiten a las familias comprar sus vacaciones con los mejores descuentos. El enfoque del enoturismo y el turismo de naturaleza tendrá este año un área dedicada a los siete geoparques portugueses, continuando con espacios vitales como el BTL Cultural en colaboración con la Fundación Calouste Gulbenkian y el BTL LAB, un espacio que ya se ha convertido en una referencia del evento.

Cabe destacar también que el enfoque del enoturismo en esta edición se debe a la creciente importancia de este ámbito en el contexto global del turismo en Portugal, pretendiendo profundizar en el conocimiento de este sector, a través de la difusión de regiones, marcas, variedades, rostros y proyectos, elementos que lo dotan de una capacidad única para atraer más y mejores turistas a nuestro país.

Cuando el tiempo se detiene en un rincón del mundo llamado Isla de Corvo

V.P. / Redacción

La Isla de Corvo, considerada por la Unesco Reserva Mundial de la Biosfera, forma junto con la Isla de Flores el grupo occidental del archipiélago de las Azores. De origen volcánico, Corvo es la más pequeña de las nueve islas, con un área de apenas 17,1 km².
Fue descubierta por el navegador portugués Diogo de Teive en la misma época que la Isla de Flores, es decir, allá por el 1452, e Insula Corvi fue su primera designación.
El único poblado de la isla, Vila Nova do Corvo, está implantado en una falda lávica (una fajã, en portugués) que constituye la principal superficie plana de la isla. Es una villa pintoresca y poco común, que se caracteriza por las fachadas de piedra negra, con decoraciones en blanco en las ventanas y en las puertas, y por las calles estrechas, localmente designadas canadas, empedradas con cantos rodados y losas pulidas por el uso. El uso de cerraduras de madera en las puertas de las habitaciones, fabricadas por los artesanos de Corvo, es una de las tradiciones que se mantienen y que simboliza la vivencia de una isla pacífica en la que todos se conocen.
Merece la pena visitar la Igresia de Nuestra Señora de los Milagros (patrona de la Isla de Corvo) que alberga una imagen de origen flamenco, la Virgen y el Niño, y un crucifijo de marfil indoportugués, así como el Centro de Interpretación de Corvo.

El poblado se sitúa en la zona más llana de la Isla, V.P.


En el Alto dos Moinhos, junto a Ponta Negra, pequeños molinos de viento adornan el litoral. Al contrario de los que hay en las demás islas del archipiélago, estos son de influencia mediterránea, más parecidos a los que encontramos en Portugal continental. Tienen un tronco cónico, con un mecanismo que hace rodar la cúpula de madera, de forma que la vela siga la dirección del viento.
Desde Vila Nova do Corvo hasta Caldeirão, el ex-libris de la isla son seis kilómetros todos cuesta arriba. En el recorrido se ven los muros bajos que dividen las propiedades, las largas hileras de hortensias y las manchas negras de los «pajares», casas rústicas hechas de basalto donde se guardaban las herramientas y el forraje.

Évora, asombroso viaje en el tiempo

Tamara Cotero

Lugares que nos dejan sin palabras, este es uno de ellos, La capilla de los huesos, se encuentra contigua a la iglesia de San Francisco, en Évora, Portugal. Construida por un fraile Franciscano, con esqueletos de cementerios de los alrededores, cuyo propósito se cree que fue intentar hacer ver lo efímero de la vida en la región. No sabemos si lo consiguió, pero lo que está claro es que es imposible no impresionarse ante la imagen de alrededor de 5000 esqueletos, incrustados en sus paredes, creando una arquitectura macabra y escalofriante. La inscripción que nos recibe en la entrada, nos augura lo que está por venir, “ Nosotros, los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos”, adentrarse entre esos muros sobrecoge el alma, imaginamos que esa era la intención, pues bien, podemos decir que propósito conseguido. Además se encuentran colgados esqueletos completos, uno de ellos de un niño, lo que proporciona, si era poco todo lo anterior, que nos recorra un escalofrío adicional. Évora esconde otros tesoros que nos dejarán mejor sabor de boca, rodeada por la región de Alentejo, terrenos llenos de olivares, ciudades fortificadas, nos traslada a vivir una experiencia tradicional portuguesa incluida su gastronomía.

El Templo de Diana en Évora es impresionante, Lugares y Más

Évora cuenta con el templo romano de Diana, el mejor conservado de la península Ibérica, la biblioteca pública que se encuentra a escasos metros es una de las que contienen mayor patrimonio del país, la Catedral de Santa María, templo medieval con apariencia de fortaleza y cuya construcción comenzó a principios del s.XIV, Praça do Giraldo, homenaje del Rey a Geraldo que reconquistó la ciudad en 1167 a los moros, todas las calles te llevan a esta plaza, zona neurálgica, de la restauración, tiendas, donde el ajetreo de la gente yendo y viniendo hipnotiza.
Nos consta que Évora es un museo al aire libre que desde el Crómlech de los Almendros, con sus esculturas megalíticas, datadas entre el 6.000 y 3.000 a.c., los vestigios celtas, romanos, visigodos, moros, medievales, nos llevan de época en época hasta hoy, considerada Patrimonio Mundial de la Unesco es un destino que llenará de imágenes el baúl de nuestros recuerdos.

Una tentación a un paso de casa: Madeira

Redacción

En el medio del Atlántico, las islas de Madeira y de Porto Santo son un refugio de belleza natural. Entre el azul del mar y el verde esmeralda de la vegetación destaca el exótico colorido de las flores, en un archipiélago en el que dos tercios de su superficie son área protegida y en el que se encuentra el mayor bosque de laurisilva del mundo.

La temperatura primaveral que se disfruta todo el año invita a la práctica de actividades al aire libre. Pueden realizarse paseos a pie aprovechando la red de recorridos por las levadas (conducciones de agua), visitar la ciudad de Funchal y conocer el patrimonio relacionado con la época de los Descubrimientos, o recorrer la isla por libre. Los paseos en barco son una excelente opción para conocer la costa y disfrutar de una perspectiva diferente.

En un entorno acogedor por naturaleza, equilibrio y bienestar son referencias habituales. Madeira ofrece varios complejos balnearios y acceso al mar con buenas condiciones para la náutica de recreo y para el submarinismo. La isla de Porto Santo, en particular, es el lugar ideal para huir del estrés y realizar un programa de talasoterapia. O unas vacaciones en la playa combinadas con unas partidas de golf.

Las festividades que se celebran a lo largo del año son una oportunidad para disfrutar de los sabores tradicionales de la gastronomía y para conocer Madeira en fiestas. Entre ellas destacan los desfiles de Carnaval, la Fiesta de la Flor, el Festival Atlántico y, sobre todo, los fuegos artificiales de fin de año.

Una Naturaleza única en Madeira, Lugares y Más

Un paseo por Madeira

A pesar de tener una superficie pequeña, Madeira es rica en escenarios majestuosos y de rara belleza. ¡Salimos al descubrimiento de los rincones más encantadores de este jardín flotante!

Madeira presenta sus localidades repartidas entre Funchal, capital del archipiélago, Caniço, la Costa Este (Santa Cruz y Machico), la Costa Oeste (Câmara de Lobos; Ribeira Brava; Ponta do Sol y Calheta), la Costa Norte (Porto Moniz; São Vicente y Santana) y Porto Santo.

Saliendo de Funchal en dirección oeste, encontrará la ciudad de Câmara de Lobos, un tipico pueblo pesquero y el Cabo Girão, el acantilado más alto de Europa y el segundo más alto del mundo (580 m). Encontrará también en este concejo la peculiar freguesía de Curral das Freiras. Situada en un valle profundo, Curral das Freiras presenta uno de los paisajes más impresionantes de la isla que, con sus vertiginosas vistas (más de 500 metros de altitud, desde su mirador – Eira do Serrado) causan la admiración de todos los visitantes.

Siguiendo hacia el oeste, visitamos el agradable pueblo de Ribeira Brava antes de subir hasta la Encumeada en un recorrido repleto de miradores que permiten observar las cimas de las montañas circundantes.

Lisboa, la mejor panorámica de Europa

Por David Agüera

Algún día viviré en Lisboa. Estoy convencido. La capital de Portugal es un regalo para los sentidos que muestra sin complejos sus mil contrastes y que te recibe con las mejores panorámicas de Europa. Esta es una de las mejores épocas para visitar Lisboa. La cuna del Fado luce sobria durante el mes de enero y su temperatura permite disfrutar de la ciudad tanto de día como de noche, sin preocuparse del húmedo calor del verano y solo pendiente de los días de lluvia continua.
El majestuoso Cristo Rei, con sus 28 metros de altura y réplica del Río de Janeiro, nos recibe mirando a la ciudad. Su imagen con los brazos abiertos expone bien el sentir del lisboeta. Mentalidad abierta y agradable , aquí siempre es bien recibido. El Cristo vigila mientras cruzamos en coche el puente del 25 de Abril, suena el » Fado Portugués » de Amália Rodrigues en la radio y la sensación de nostalgia se hace presente. Aquí empieza un viaje por una ciudad llena de historia, recuerdos y rincones por descubrir.

Avanzamos por el majestuoso puente, lo hacemos un piso por encima de las vías que permiten circular por el mismo a trenes, ésta es la entrada principal a la ciudad y desde aquí Lisboa muestra su esplendor con diferencias drásticas entre la parte nueva y la parte vieja de la urbe. El puente del 25 de Abril se llamó antes Puente Salazar ya que se construyó durante el mandato del dictador portugués. Hoy su nombre hace homenaje al día en el que el país recuperó la democracia. Seña y símbolo de todo un país nos abre la puerta de la ciudad.
Nuestra primera parada es la Avenida de la Liberade. Con apariencia próxima al Paseo de la Castellana Madrid, aunque aquí dicen que está hecha a imagen y esta arteria maravillosa de la capital de Portugal se acerca en servicios a la Calle Serrano con hoteles de cinco estrellas y tiendas de marcas caras a ambos lados. Allí, sobre Loewe y frente a Gucci, nos espera el hotel Tivoli. Es sin duda uno de los más conocidos y una elección segura, su impresionante lobby da paso a un establecimiento sobrio, lleno de detalles y con habitaciones lujosas y cuidadas. Nada más llegar nos sugieren visitar la última planta, en el noveno piso un restaurante recibe a los comensales mirando a Lisboa con una terraza en madera y blanco, y una de las vistas más bonitas de la ciudad. Desde aquí todo está a un paso, especialmente algunos barrios históricos como el Barrio Alto o Chiado.

Un paseo por las calles de Lisboa es toda una experiencia, Lugares y Más

A la Plaça de Rossio
Sin tiempo para el descanso nos ponemos en marcha. La urbe cuenta con más de medio millón de habitantes y se sitúa sobre 7 colinas. Mientras bajo caminando la Avenida de la Liberade recuerdo las inmensas playas que se encuentran a pocos kilómetros, es sin duda la gran ventaja de visitar la zona en verano: un baño en Carcais siempre merece la pena.

Sin darme cuenta entro en la Plaça de Rossio, una de las más bonitas y céntricas de la ciudad ( su nombre oficial en Plaça D.Pedro IV ). La fuente central en punto de encuentro entre residentes y de referencia para turista, aquí manda la tradición darse un baño tras graduarse y después tomar en un local cercano una Ginnjinha, bebida destilada con sabor a cereza. Chupito en mano continuamos nuestro paseo . Vendedores ambulantes, camareros reclamando nuestra atención…la vida no dista mucho de una tarde en Madrid o Roma, pero aquí el ritmo es más relajado.
La noche cae y el Elevador de Santa Justa nos lleva al Barrio Alto. Calles estrechas y presencia de cerámica y azulejos nos recuerdan la antigua colonización musulmana.
Caminamos hasta Largo do Chiado, donde dicen más chirrían los tranvías de todo Lisboa. Aquí lo más tradicional es probar el bacalao y sus mil formas de prepararlo pero nos decantamos por cena ligera y un posterior espirituoso, no en vano estamos en una de las zonas de ocio nocturno de la ciudad. Desde la Plaça bajamos por Rua das Flores hasta el número 64, allí en una mezcla de tienda, restaurante y bar nos encontramos con una Queijaria. Sobre la mesa: ensalada, vino portugués y variedad de quesos de la zona; pero destaca de manera especial el Queijo da Serra, procedente de la región de Sierra de la Estrella. Es uno de los más famosos de la cocina Lusa. Es de aspecto muy mantecoso ( aunque hay variantes más secas ) y de textura untosa, el aroma y sabor que despide es suave , y ligeramente acidulado. Como imagináis del famoso queso no quedo nada en el plato.
Tras cumplir con nuestra cena nos percatamos de que aún es temprano, en Lisboa muchos restaurantes cierran la cocina a las 22:00 horas. El espirituoso nos espera, no hay mucho más que contar, solo que a cierta hora de la noche eché de menos España.

Café Portugués

Decía Saramago que «España y Portugal son como dos hermanos siameses que nacieron unidos por la espalda y que jamás se han visto » y posiblemente tuviera razón. Estamos en la » A Brasileira «, la cafetería más emblemática de la ciudad, fue inaugurada por Adriano Telles el 19 de noviembre de 1905. Su principal reclamo el de entonces y el de ahora, era servir el más genuino café de Brasil, una bebida que por aquel entonces era más apreciada por el pueblo llano. Aquí se rinde culto a la literatura y a los grandes autores del país mientras degustamos ese café, aunque ahora el de producción local es de mayor calidad. Nuestro tiempo para el desayuno termina y la zona nueva de la urbe nos espera, nos vamos hasta el lugar donde se celebró la Expo de Lisboa. Esta nueva zona alberga edificios de oficinas y residenciales, junto a zonas verdes y un gran centro comercial. Las vistas impresionan y se pierden en el horizonte junto al Puente Vasco de Gama que es el más largo de Europa y se construyó para la Expo del ´98 tiene 17 km de longitud y 10 de ellos sobre el agua. El marco es el perfecto para recibir a los turistas y visitantes, por esa razón aquí se ubica la Feria Internacional de la ciudad, lugar de encuentro profesional de diferentes disciplinas..
Uno de los fados de Amália resuena en mi cabeza mientras buscamos refugio para comer. En el centro de la ciudad, a pocos metros del Tivoli, encontramos una propuesta diferente en el Restaurante Sancho. El tosco y fiel amigo de Don Quijote tiene aquí un pequeño homenaje a su figura con un vivero de langostas y pescados siempre frescos. Si vais a Lisboa no dejéis de visitarlo y empezad, si os gustan, por unas ostras…no hay palabras.


Largo do Cormo
En esta plaza se encuentran las ruinas del Convento de Carmen. En la zona de Chiado es sin duda el escenario principal de la revolución del 25 de Abril de 1974 también conocida como » La revolución de los Claveles»
que provocó la caída de la dictadura salazarista, que dominaba Portugal y permitió que las últimas colonias portuguesas lograran su independencia en poco más de un año y medio.