Redacción (Madrid)

La Vega, R.D. — La ciudad despierta antes que el sol. A las cinco de la mañana, cuando el cielo todavía duda entre la noche y el día, La Vega ya está en pie. El canto de los gallos se mezcla con el rugido temprano de los motores y el olor del café colado se escapa por las ventanas abiertas. Aquí, el tiempo no se mide solo en horas, sino en rutinas heredadas.

06:00 a. m. | El día comienza en el mercado
En el mercado municipal, los camiones descargan plátanos, yuca y auyama con la precisión de quien repite el gesto desde hace décadas. Los vendedores se saludan por el nombre; algunos clientes también. “Aquí todo el mundo se conoce”, dice Don Ramón, agricultor de Constanza que baja cada semana. La Vega es ciudad, pero conserva alma de campo.

09:00 a. m. | Tránsito, negocios y vida cotidiana
El centro hierve. Motoconchos zigzaguean entre carros, estudiantes caminan en grupos y los comercios levantan sus santamarías. En los bancos, las filas avanzan con paciencia caribeña. La Vega trabaja: oficinas públicas, talleres mecánicos, colmados que funcionan como centros de información no oficial. Todo pasa por el colmado.

12:00 m. | El mediodía aprieta
El calor cae sin contemplaciones. Los restaurantes populares sirven arroz, habichuelas y carne guisada; el almuerzo es sagrado. En las mesas se habla de política, de béisbol y de la vida cara. Nadie mira el reloj: el cuerpo sabe cuándo es hora de parar.

03:00 p. m. | La tarde baja el ritmo
Las calles se aquietan un poco. Algunos negocios cierran temprano, otros resisten. Los estudiantes salen de clase y llenan las aceras. En los barrios, los niños improvisan un juego con cualquier cosa que ruede. La ciudad respira.

06:00 p. m. | Fe y encuentro
Al caer la tarde, la atención se dirige a la iglesia. La Catedral Inmaculada Concepción recibe a fieles que llegan en silencio. La Vega es también devoción, especialmente cuando se habla del Carnaval Vegano, orgullo cultural que marca el calendario y la identidad local.

09:00 p. m. | Noche encendida
La ciudad no se apaga. Los bares suben la música, las frituras chisporrotean en la esquina y las conversaciones se alargan. Jóvenes y adultos comparten espacios distintos, pero el mismo deseo: terminar el día acompañados.

12:00 a. m. | La Vega duerme… a medias
Pasada la medianoche, el ruido baja, pero no desaparece. Algún motor rompe el silencio, un perro ladra a la luna. La Vega descansa con un ojo abierto, lista para volver a empezar.

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