Redacción (Madrid)

Hay lugares de Andalucía que parecen diseñados para aparecer en todas las postales y otros que conservan el encanto de aquello que todavía no ha sido descubierto por las grandes masas de turistas. Castril, en el norte de la provincia de Granada, pertenece a este segundo grupo. El pueblo se encuentra rodeado por las montañas de la Sierra de Castril y aparece encaramado sobre una peña, entre casas blancas, calles estrechas y un paisaje sorprendentemente verde. Llegar hasta aquí supone descubrir una Andalucía diferente, alejada de las grandes ciudades monumentales y de las playas abarrotadas.

El gran protagonista del entorno es el río Castril, que ha excavado durante siglos una espectacular garganta entre las montañas. Una de las experiencias más atractivas consiste en recorrer las pasarelas construidas junto al cauce, un paseo sencillo pero emocionante que atraviesa paredes rocosas, un pequeño túnel y un puente colgante. El sonido del agua, la sombra de la vegetación y el frescor del río crean una atmósfera inesperada en una región que muchas veces asociamos únicamente con el calor y los paisajes secos.

Después de la caminata, merece la pena regresar al pueblo y recorrerlo sin prisas. Sus calles conservan el carácter tradicional de los pueblos granadinos y conducen hasta la Peña de Castril, donde se encuentran los restos de su antigua fortaleza. Desde lo alto se obtiene una de las mejores panorámicas de la localidad y de las montañas que la rodean. Es un lugar perfecto para detenerse y comprender que el atractivo de Castril no está en una única gran atracción, sino en la combinación de arquitectura, naturaleza y tranquilidad.

La experiencia se completa con la gastronomía y la vida cotidiana del municipio. En sus establecimientos es posible encontrar cocina tradicional de la comarca, basada en productos locales y platos contundentes que resultan especialmente reconfortantes después de una jornada caminando. Lo interesante es sentarse sin prisas, observar el ritmo del pueblo y disfrutar de una comida sencilla. En Castril, el turismo tiene todavía algo de conversación, de paseo y de descubrimiento espontáneo, lejos de las experiencias programadas de los destinos más populares.

Quizá ese sea precisamente el mayor atractivo de Castril. Andalucía recibe millones de visitantes cada año, pero todavía existen rincones donde es posible caminar junto a un río, atravesar una garganta o contemplar un pueblo desde una fortaleza sin sentirse rodeado de turistas. Castril representa esa otra Andalucía: la de las montañas, los pueblos pequeños y los paisajes que permanecen al margen de las rutas habituales. Un destino perfecto para quienes buscan descubrir que, a veces, los viajes más memorables comienzan precisamente cuando uno decide desviarse del camino conocido.

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