
Redacción (Madrid)
España es, quizá, uno de los países europeos que mejor se recorren caminando. Su diversidad geográfica —de altas montañas a costas escarpadas, de bosques atlánticos a paisajes volcánicos— convierte al senderismo no solo en una actividad deportiva, sino en una forma privilegiada de entender el territorio. Lejos de limitarse a una sola postal, el país ofrece rutas para todos los niveles y estaciones, muchas de ellas cargadas de historia, cultura y silencio. Estos son algunos de los mejores lugares para hacer senderismo en España, auténticos referentes para quienes buscan caminar con los sentidos abiertos.
1. Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Aragón)
El valle de Ordesa es uno de los grandes clásicos del senderismo español, y lo es por méritos propios. Sus rutas discurren entre paredes calizas monumentales, cascadas y praderas de alta montaña que cambian de color con las estaciones. Caminos como la Senda de los Cazadores o la ruta hacia la Cola de Caballo ofrecen una experiencia exigente y profundamente gratificante.
Aquí, el senderismo se vive con solemnidad: cada paso recuerda la fuerza de la montaña y la necesidad de respetar un entorno declarado Patrimonio de la Humanidad.
2. Picos de Europa (Asturias, Cantabria y Castilla y León)
A diferencia de otros macizos, los Picos de Europa sorprenden por su cercanía al mar y por la abrupta belleza de sus desfiladeros. La Ruta del Cares, excavada en la roca, es una de las más espectaculares del país, pero no la única: hay senderos menos concurridos que atraviesan majadas, hayedos y puertos de montaña.
Es un territorio que combina dureza y hospitalidad, donde el esfuerzo del caminante siempre encuentra recompensa en forma de paisaje —y, a menudo, de gastronomía local—.
3. Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (Madrid y Castilla y León)
A escasos kilómetros de Madrid se extiende un espacio natural que demuestra que no hace falta viajar lejos para caminar entre montañas. La Sierra de Guadarrama ofrece rutas clásicas como la subida a Peñalara, el pico más alto del parque, o recorridos más suaves entre pinares y lagunas glaciares.
Es un ejemplo de senderismo accesible y de gran valor ecológico, ideal tanto para principiantes como para caminantes experimentados que buscan escapadas breves pero intensas.
4. Parque Natural de Somiedo (Asturias)
Somiedo no es el parque más famoso ni el más transitado, y ahí reside gran parte de su encanto. Sus lagos de origen glaciar, sus brañas tradicionales y la presencia del oso pardo convierten cada ruta en una experiencia de observación atenta y respeto absoluto.
Caminar por Somiedo es hacerlo despacio, aceptando que el paisaje marca el ritmo. Un destino imprescindible para quienes entienden el senderismo como una forma de contemplación.
5. Parque Nacional de Timanfaya y La Geria (Lanzarote)
El senderismo en Lanzarote rompe con cualquier idea preconcebida de la actividad. Aquí no hay bosques ni ríos, sino coladas de lava, cráteres y viñedos excavados en ceniza volcánica. Rutas como las del entorno de Timanfaya o La Geria ofrecen un paisaje austero, casi lunar, de enorme potencia visual.
Es una experiencia distinta, marcada por el contraste y la sensación de estar caminando sobre la historia geológica más reciente del planeta.
6. Camino de Santiago (varias comunidades)
Más que una ruta, el Camino de Santiago es una red de caminos que atraviesan el país de este a oeste. Su valor no reside solo en el paisaje, que es variado y generoso, sino en la dimensión humana y cultural del recorrido.
Caminar el Camino es hacerlo acompañado, incluso en soledad. Una experiencia donde el senderismo se mezcla con la reflexión, el encuentro y la memoria colectiva.







