
Redacción (Madrid)
Viajar a Egipto es sumergirse en miles de años de historia, arte y misterio. Sin embargo, más allá de sus majestuosos templos y las eternas arenas del desierto, hay otro tesoro que encanta a los visitantes: su gastronomía. La cocina egipcia es una fusión de tradición, hospitalidad y sabor, un reflejo de las múltiples civilizaciones que han dejado huella a lo largo del valle del Nilo. Explorar Egipto sin probar su comida sería como visitar las pirámides sin mirar hacia arriba.

La gastronomía egipcia hunde sus raíces en el pasado faraónico. El trigo, las legumbres y el pescado del Nilo formaban parte de la dieta básica desde hace más de cuatro mil años. Hoy, estos ingredientes continúan siendo protagonistas, mezclados con las especias y sabores que aportaron árabes, turcos y mediterráneos. Cada plato es una historia que narra siglos de mestizaje cultural y amor por la vida.
Uno de los mayores orgullos nacionales es el koshari, considerado el plato nacional. Mezcla de arroz, lentejas, pasta y garbanzos coronados con una salsa de tomate especiada y cebolla frita, es una sinfonía de texturas y aromas que se disfruta tanto en restaurantes como en puestos callejeros.
Otro clásico es el ful medames, un guiso de habas sazonado con aceite de oliva, limón y comino, que suele servirse en el desayuno. De la misma manera, el taameya, versión egipcia del falafel elaborada con habas en lugar de garbanzos, es una delicia crujiente que conquista a todo viajero.

Y, para los amantes de la carne, el shawarma o el kofta a la parrilla evocan los sabores de Oriente Medio con un toque egipcio inconfundible. Todo acompañado de pan baladí, recién horneado, y ensaladas frescas con pepino, tomate y perejil.
El viaje gastronómico no estaría completo sin probar los postres. El basbousa, pastel de sémola bañado en almíbar, o el konafa, hecho con finos hilos de masa y relleno de frutos secos o queso dulce, son verdaderas obras maestras de la repostería oriental. Acompañados de un té negro fuerte o de un café turco espeso, cierran la experiencia con el toque perfecto.
Comer en Egipto no es solo un acto biológico, sino una celebración colectiva. Las comidas se comparten en familia o entre amigos, con generosidad y alegría. La hospitalidad es sagrada: ningún visitante se va sin probar algo. Los aromas de las calles de El Cairo, los mercados de especias en Luxor y las terrazas junto al Nilo invitan a disfrutar sin prisas, a saborear la vida en su máxima expresión.

La gastronomía egipcia es un espejo de su alma: antigua, diversa y profundamente humana. Para el viajero, cada plato es una puerta abierta a la historia y a la gente de este país fascinante. Quien prueba sus sabores entiende que Egipto no solo se visita: se saborea.




