
Redacción (Madrid)
Guantánamo, la provincia más oriental de Cuba, suele ser conocida en el mundo por su nombre resonante, pero poco se habla de la vida, la gente y el paisaje que habitan este rincón singular del Caribe. A más de 900 kilómetros de La Habana, esta región combina montañas, costa y tradiciones que la convierten en una de las zonas más diversas y auténticas de la isla.
Una geografía que define su carácter
Rodeada por la Sierra Maestra al oeste y el mar Caribe al sur, Guantánamo se distingue por su relieve accidentado y su clima contrastante. Mientras el norte presenta llanuras fértiles donde se cultivan café, cacao y plátano, el sur alberga zonas semiáridas y secas, especialmente en el área de Caimanera y Boquerón. Esa diversidad climática ha moldeado tanto el paisaje como el modo de vida de sus habitantes.
El Valle de Guantánamo, amplio y de gran riqueza agrícola, sirve como corazón económico de la provincia. Desde sus campos parten los productos que abastecen mercados de todo el oriente cubano, una muestra del papel esencial que juega esta región en la economía nacional.
Una herencia cultural profunda
Guantánamo es también un punto de encuentro de culturas. Su cercanía con el Caribe y su historia de migraciones han dejado huellas visibles en la música, la gastronomía y el habla popular. Es la cuna del changüí, un ritmo campesino nacido en las plantaciones de caña del siglo XIX que se considera el antecesor del son cubano. Hoy, este género sigue vivo en fiestas populares y en instituciones culturales como la Casa del Changüí Chito Latamblet, donde músicos locales mantienen viva la tradición.
En la cocina, destacan platos típicos como el calalú, una sopa espesa de raíces africanas elaborada con hojas verdes, coco y mariscos, o el bacán, una especie de tamal envuelto en hojas de plátano. La mezcla de ingredientes criollos y afrocaribeños refleja la identidad plural de la región.
Baracoa: la primera ciudad de Cuba
Al norte de la provincia, la ciudad de Baracoa es uno de los mayores atractivos turísticos de Guantánamo. Fundada en 1511 por Diego Velázquez, fue la primera villa colonial de Cuba y aún conserva un encanto histórico incomparable. Rodeada de ríos, montañas y el omnipresente El Yunque —una meseta que domina el paisaje—, Baracoa combina historia, naturaleza y hospitalidad.
Sus calles tranquilas, sus casas de madera y sus vistas al mar la convierten en un destino ideal para quienes buscan una Cuba más íntima y menos transitada. Además, su entorno natural, con el río Toa y el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, ofrece oportunidades únicas para el ecoturismo.
Una provincia con identidad propia
Más allá de su geografía y su historia, lo que distingue a Guantánamo es el carácter de su gente: trabajadores, alegres y orgullosos de su tierra. En los barrios de la ciudad, en los cafetales de las montañas o en las comunidades costeras, la vida transcurre con ritmo propio, acompañada siempre por la música y el calor humano.
El visitante que llega a Guantánamo descubre una Cuba diferente: menos turística, más auténtica. Una provincia que invita a mirar más allá de los titulares y a conocer el día a día de un pueblo que conserva sus tradiciones y su sentido de pertenencia.







