Redacción (Madrid)

Santa Clara, corazón de Cuba y capital de la provincia de Villa Clara, es una ciudad que se vive intensamente desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Con un centro urbano vibrante, una vida cultural diversa y un ritmo cotidiano marcado por la calidez de su gente, recorrerla durante 24 horas permite descubrir un mosaico de historia, arte y tradición.

Mañana: el pulso del centro
El día comienza en el Parque Vidal, epicentro de la vida santaclareña. A primera hora, estudiantes, trabajadores y jubilados llenan la plaza, mientras las fachadas coloniales y eclécticas despiertan bajo el sol. Muy cerca, el Teatro La Caridad, joya arquitectónica del siglo XIX, recuerda la riqueza cultural de la región.
El desayuno suele acompañarse con café fuerte y pan con tortilla, servido en cafeterías locales donde los clientes se saludan como viejos conocidos.

Mediodía: mercados y sabores
Hacia el mediodía, el bullicio se traslada a los mercados y paladares. En ellos, los aromas de platos típicos como la yuca con mojo o el cerdo asado se mezclan con el sonido constante de conversaciones animadas. Una caminata por la calle Independencia, conocida popularmente como “El Boulevard”, permite apreciar el movimiento comercial y artístico: músicos callejeros, artesanos y familias se entrelazan en un retrato cotidiano de la ciudad.

Tarde: historia y arte
La tarde es ideal para visitar el monumento al Tren Blindado, sitio emblemático que narra un episodio decisivo en la historia nacional, y que se ha convertido en parada obligada para quienes buscan comprender la identidad santaclareña.
A pocos minutos, la escultura monumental del Che Guevara, ubicada en la Plaza de la Revolución, atrae a viajeros de todo el mundo. Sin embargo, más allá de los símbolos, Santa Clara vibra en sus museos, como el de Artes Decorativas, y en sus espacios alternativos de creación artística, que muestran la vitalidad cultural de la urbe.

Noche: música y bohemia
Cuando cae el sol, la ciudad se transforma. Los bares y clubes acogen a trovadores, bandas de rock y agrupaciones de música popular, que encuentran en Santa Clara un público fiel y apasionado. El Mejunje, centro cultural de vanguardia, es uno de los lugares más singulares: un espacio abierto a la música, el teatro y la convivencia diversa.
Entre mojitos y guitarras, la noche santaclareña se extiende hasta la madrugada, confirmando que la ciudad nunca pierde su energía.

Una ciudad que se vive
Recorrer Santa Clara en 24 horas es comprobar cómo en cada esquina conviven la memoria histórica, la tradición popular y la creatividad contemporánea. Es una ciudad que late al ritmo de su gente, donde el visitante no se siente extraño, sino parte de un entramado urbano en constante movimiento.

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