Redacción (Madrid)
Hay ciudades que se descubren caminando por sus calles y otras que se comprenden entrando en sus museos. Cartagena, una de las ciudades más antiguas de España y del Mediterráneo occidental, pertenece a esta segunda categoría. Fundada hace más de tres mil años y convertida en puerto estratégico para fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y españoles, la ciudad ha sabido conservar un extraordinario patrimonio histórico que hoy se muestra a través de una red museística considerada una de las más completas del país. Visitar Cartagena es realizar un viaje por la historia de la civilización mediterránea, donde cada museo constituye un capítulo diferente de un relato que continúa escribiéndose con cada excavación arqueológica.
El recorrido suele comenzar en el Museo del Teatro Romano, uno de los grandes iconos culturales de la ciudad. Su importancia no reside únicamente en albergar algunas de las piezas halladas durante las excavaciones, sino en la forma en que el visitante accede al propio monumento. Diseñado por el arquitecto Rafael Moneo, el museo conduce al viajero a través de un itinerario subterráneo que enlaza el antiguo Palacio de Riquelme y la iglesia de Santa María la Vieja antes de desembocar en el espectacular teatro construido en época del emperador Augusto. La experiencia convierte la visita en un auténtico viaje en el tiempo, donde la arquitectura contemporánea dialoga con el legado de Roma de una manera magistral.
Muy cerca del puerto se encuentra el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQVA), uno de los centros más singulares de Europa dedicados al patrimonio sumergido. Cartagena siempre ha vivido mirando al mar, y este museo demuestra hasta qué punto las aguas del Mediterráneo conservan una parte esencial de nuestra historia. Sus salas permiten descubrir antiguos pecios fenicios, cargamentos comerciales, instrumentos de navegación y el célebre tesoro recuperado de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, compuesto por cientos de miles de monedas de oro y plata que simbolizan uno de los episodios más conocidos de la arqueología subacuática española. Más allá de sus colecciones, el museo desempeña una labor fundamental en la investigación, conservación y protección del patrimonio cultural subacuático.

El Museo Arqueológico Municipal Enrique Escudero de Castro constituye otra parada imprescindible para comprender la evolución de Cartagena desde la Prehistoria hasta la época bizantina. Sus colecciones reúnen piezas procedentes de los numerosos yacimientos descubiertos en la ciudad y su entorno, permitiendo reconstruir la evolución de una urbe que fue uno de los principales centros del Mediterráneo antiguo. Estelas funerarias, esculturas romanas, cerámicas ibéricas, mosaicos y objetos cotidianos muestran la extraordinaria riqueza arqueológica de Cartagena. Actualmente el museo permanece temporalmente cerrado durante los meses de verano debido a trabajos de reforma y mejora de sus instalaciones.
La importancia de Cartagena como gran potencia naval encuentra su mejor representación en el Museo Naval. Situado junto al Arsenal Militar, este espacio permite recorrer siglos de historia marítima española a través de maquetas, cartas náuticas, uniformes, instrumentos de navegación y numerosos documentos relacionados con la Armada. Sin embargo, la gran protagonista de la visita es, sin duda, la sala dedicada a Isaac Peral. Allí se conserva el primer submarino eléctrico operativo de la historia, una obra de ingeniería adelantada a su tiempo que convirtió al marino cartagenero en uno de los grandes innovadores de la navegación moderna.
La tradición militar de la ciudad continúa en el Refugio-Museo de la Guerra Civil, un espacio excavado bajo el monte de la Concepción que conserva parte de los refugios antiaéreos utilizados por la población durante los bombardeos sufridos entre 1936 y 1939. Recorrer sus galerías supone acercarse a uno de los episodios más difíciles de la historia reciente de España desde una perspectiva profundamente humana, donde los testimonios y la reconstrucción histórica ayudan a comprender cómo vivieron miles de cartageneros aquellos años de incertidumbre.
Otro de los grandes atractivos culturales es el Museo del Foro Romano Molinete, uno de los proyectos arqueológicos urbanos más importantes de Europa. Gracias a un cuidadoso proceso de excavación y musealización, el visitante puede recorrer antiguas termas, templos, calles pavimentadas y edificios públicos que formaban parte del corazón de la antigua Carthago Nova. La integración entre los restos arqueológicos y los modernos recursos audiovisuales convierte la visita en una experiencia especialmente didáctica y atractiva.

La Cartagena modernista también encuentra su espacio en el MURAM, el Museo Regional de Arte Moderno. Instalado en el magnífico Palacio Aguirre, una de las joyas arquitectónicas del modernismo murciano diseñada por Víctor Beltrí, el museo reúne una interesante colección de pintura y escultura de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. El propio edificio constituye una obra de arte, con su elegante decoración, su característica torre coronada por una brillante cúpula y unos interiores que reflejan el esplendor económico que vivió Cartagena gracias a la minería y al comercio. Además, la entrada es gratuita, lo que facilita acercarse tanto a sus colecciones permanentes como a sus exposiciones temporales.
A estos espacios se suman otros centros que completan una oferta cultural excepcional. El Augusteum permite conocer el culto imperial romano; la Casa de la Fortuna recrea el interior de una vivienda de época romana; el Museo del Vidrio, el Centro de Interpretación de la Muralla Púnica o los distintos espacios arqueológicos repartidos por la ciudad enriquecen un recorrido que convierte a Cartagena en un auténtico museo al aire libre.
Precisamente esa es una de las mayores virtudes del destino. En Cartagena resulta difícil separar los museos de la propia ciudad. Cada visita continúa en las calles, donde aparecen restos romanos integrados entre edificios modernistas, murallas medievales junto a plazas contemporáneas y fortificaciones militares dominando el puerto. El patrimonio no permanece encerrado tras las vitrinas, sino que forma parte del paisaje urbano y acompaña constantemente al viajero.
La experiencia cultural se completa con una excelente oferta gastronómica. Tras una jornada de visitas, las terrazas del puerto y del casco histórico invitan a degustar especialidades como el caldero del Mar Menor, el pescado fresco, los salazones, el asiático —el café más emblemático de la ciudad— o las tradicionales tapas murcianas. Historia y gastronomía forman una combinación perfecta que convierte cada parada en una prolongación natural del recorrido cultural.

Uno de los momentos más especiales para descubrir esta riqueza patrimonial llega con la celebración de La Noche de los Museos, una cita anual que abre gratuitamente decenas de espacios culturales y arqueológicos hasta la madrugada, acompañados por conciertos, representaciones, visitas guiadas y actividades para todos los públicos. Este evento se ha consolidado como una de las grandes celebraciones culturales de Cartagena y refleja la estrecha relación que mantienen los ciudadanos con su patrimonio.
Cartagena demuestra que una ciudad puede explicar tres mil años de historia sin perder su vitalidad contemporánea. Sus museos no son simples edificios donde se conservan objetos antiguos; son puertas abiertas a las distintas civilizaciones que construyeron la identidad del Mediterráneo. Fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes y españoles dejaron aquí una huella que continúa viva gracias a una extraordinaria labor de conservación y divulgación.
Al abandonar la ciudad, el viajero comprende que Cartagena no se visita una sola vez. Cada museo revela una parte distinta de su pasado y cada paseo invita a regresar para seguir descubriendo nuevos hallazgos. Pocas ciudades españolas ofrecen una relación tan intensa entre arqueología, historia, arte y mar. En Cartagena, el patrimonio no pertenece únicamente al pasado: sigue formando parte del presente y convierte cada viaje en una auténtica lección de civilización mediterránea.

















