Redacción (Madrid)
Hay ciudades que pueden visitarse a través de sus monumentos y otras que necesitan ser recorridas también con un libro entre las manos. Dublín pertenece a esta segunda categoría, y pocas obras han conseguido retratarla con tanta intensidad como las de James Joyce. El escritor irlandés nació en la ciudad en 1882, vivió en numerosos domicilios durante su juventud y, aunque pasó buena parte de su vida en el extranjero, convirtió Dublín en el escenario fundamental de su literatura. Joyce llegó incluso a afirmar que, si conseguía llegar al corazón de Dublín, podría llegar al corazón de todas las ciudades. Hoy es posible seguir sus pasos por calles, pubs, plazas y edificios que aparecen en Dublineses y, sobre todo, en Ulises, convirtiendo una visita turística convencional en una auténtica aventura literaria.
El recorrido puede comenzar en el James Joyce Centre, situado en una elegante casa georgiana del centro de Dublín. Es un excelente punto de partida porque permite conocer la vida del escritor antes de salir a caminar por la ciudad. Entre sus piezas más curiosas se encuentra la puerta original del número 7 de Eccles Street, la dirección ficticia de Leopold y Molly Bloom en Ulises. La casa original fue demolida en 1982, pero la puerta se conservó y hoy forma parte de la colección del centro. El edificio también organiza exposiciones, conferencias y recorridos relacionados con Joyce y con la literatura irlandesa.
Desde allí comienza el verdadero viaje por la Dublín de Joyce. Una de las mejores maneras de realizarlo es caminar sin demasiada prisa por el centro, siguiendo algunos de los lugares que aparecen en Ulises. O’Connell Street, O’Connell Bridge, Grafton Street, Trinity College, Kildare Street y el General Post Office forman parte de ese gigantesco escenario literario. Lo fascinante es que Joyce convirtió lo cotidiano en literatura: una persona cruzando un puente, una conversación, una compra, un paseo o una parada para comer podían convertirse en materia narrativa. El James Joyce Centre conserva precisamente una ruta de lugares vinculados a Ulises y Dublineses, demostrando hasta qué punto la ciudad real y la ciudad literaria permanecen unidas.

Uno de los lugares imprescindibles es Sweny’s Pharmacy, en Lincoln Place, donde Leopold Bloom compra un jabón de limón en Ulises. La antigua farmacia mantiene una fuerte relación con la tradición joyceana y organiza lecturas de las obras del escritor. Desde allí se puede continuar hasta Davy Byrne’s, un pub histórico de Duke Street que aparece en Ulises. Allí Bloom se detiene a comer y el establecimiento continúa vinculado a esa tradición literaria. Sentarse en uno de estos lugares permite comprender una de las grandes virtudes de Joyce: su capacidad para convertir los espacios más normales de una ciudad en lugares cargados de significado.
La ruta puede continuar hacia Sandymount Strand, junto al mar, uno de los escenarios más reconocibles de Ulises. Aquí la ciudad cambia completamente de aspecto: desaparecen las calles comerciales y el ruido del centro y aparece el paisaje marítimo. El paseo por la playa permite acercarse a la dimensión más contemplativa de la novela y comprender hasta qué punto Joyce utilizó Dublín como un mapa mental y emocional. Más al sur se encuentra Sandycove, donde se levanta la famosa Martello Tower, escenario del comienzo de Ulises. Joyce vivió allí brevemente en 1904 y aquel espacio se convirtió en el punto de partida de la novela. Actualmente alberga el James Joyce Tower and Museum, que conserva objetos personales, fotografías, cartas y primeras ediciones relacionadas con el escritor.
La visita a la torre es especialmente recomendable porque permite contemplar el paisaje que inspiró las primeras páginas de Ulises. Desde lo alto se divisa el mar de Irlanda y, a poca distancia, se encuentra el Forty Foot, famoso lugar de baño de Dublín que también aparece en la novela. El contraste entre la torre militar, construida originalmente como defensa frente a una posible invasión napoleónica, y la literatura de Joyce resume perfectamente el carácter de esta ruta: la historia de Irlanda y la imaginación literaria aparecen superpuestas en un mismo paisaje.

Otra parada imprescindible es Newman House, en St Stephen’s Green, donde Joyce estudió y que actualmente forma parte del Museum of Literature Ireland. El lugar permite acercarse al joven Joyce, antes de convertirse en el escritor que revolucionaría la literatura del siglo XX. El museo conserva además el ejemplar número uno de Ulises, una pieza especialmente significativa para cualquier viajero interesado en su obra. Después, el paseo por St Stephen’s Green permite recuperar el ambiente urbano de la Dublín que Joyce conoció durante su juventud.
Para completar el viaje literario resulta interesante acercarse a Glasnevin Cemetery, uno de los grandes cementerios históricos de Irlanda. Joyce lo utilizó también como escenario de Ulises, especialmente durante el episodio en el que Bloom asiste al entierro de Paddy Dignam. La visita permite contemplar otra dimensión de la ciudad: la memoria de sus habitantes, la historia política de Irlanda y ese sentimiento de vida y muerte que atraviesa buena parte de la literatura de Joyce. El cementerio ofrece recorridos guiados que ayudan a comprender su importancia histórica.
Pero quizá la mejor manera de entender la Dublín de Joyce sea dedicar tiempo a sus calles y pubs sin buscar constantemente un monumento. Dublineses y Ulises tienen una característica fundamental: sus grandes protagonistas son, en buena medida, las personas corrientes y las acciones aparentemente insignificantes. Comer, caminar, conversar, comprar un periódico, entrar en un bar o contemplar el paisaje pueden convertirse en experiencias literarias. Por eso, seguir los pasos de Joyce implica adoptar su mirada: observar la ciudad con atención y descubrir que detrás de cada esquina puede existir una historia.

El momento perfecto para realizar este viaje es el 16 de junio, fecha conocida como Bloomsday, en homenaje a Leopold Bloom y a la jornada en la que transcurre Ulises. Cada año Dublín celebra la obra y a su autor con lecturas, recorridos, representaciones y actividades culturales. La celebración convierte la ciudad en un enorme escenario joyceano y permite observar a participantes vestidos con trajes de época, seguir itinerarios literarios y escuchar fragmentos de la novela en los mismos lugares donde transcurre la acción. El James Joyce Centre organiza actividades y recorridos especiales alrededor de esta fecha.
Al final del recorrido, uno comprende que la relación entre Joyce y Dublín resulta paradójica. El escritor abandonó Irlanda y nunca regresó a su ciudad natal después de 1912, pero consiguió que Dublín permaneciera para siempre en su literatura. La convirtió en protagonista de sus obras hasta tal punto que hoy podemos reconstruir una parte de aquella ciudad caminando por sus calles. Joyce no necesitó inventar una ciudad fantástica: le bastó con observar la que tenía delante y prestar atención a sus habitantes.
Viajar por la Dublín de James Joyce es, por tanto, una forma diferente de hacer turismo. No se trata únicamente de visitar museos o fotografiar edificios, sino de caminar, leer, detenerse en un pub, mirar el río, acercarse al mar y reconocer en los lugares cotidianos las huellas de una obra universal. Desde la puerta de Eccles Street hasta la Martello Tower de Sandycove, pasando por Davy Byrne’s, Trinity College, Grafton Street y Sandymount Strand, la ciudad se convierte en un gigantesco libro abierto. Y quizá esa sea la mayor genialidad de Joyce: conseguir que, más de un siglo después, Dublín siga siendo una ciudad que puede leerse mientras se camina por ella.













