Baracoa, bastión de la tradición y autenticidad cubana

Redacción (Madrid)

Entre los destinos turísticos de Cuba, hay rincones que permanecen casi invisibles para el viajero convencional, lugares donde la autenticidad cubana se mantiene intacta y el tiempo parece transcurrir con otra cadencia. Uno de estos tesoros poco conocidos es Baracoa, una ciudad ubicada en la provincia más oriental de la isla, que combina historia, naturaleza exuberante y tradiciones que apenas han cambiado desde la época colonial. Visitar Baracoa es descubrir una Cuba diferente, donde el turismo masivo aún no ha dejado huella y donde cada calle, cada río y cada montaña parecen narrar su propia historia.

Llegar a Baracoa implica atravesar paisajes impresionantes. Desde la carretera que serpentea entre montañas hasta el primer contacto con la ciudad, el viajero se encuentra rodeado de un paisaje verde intenso, salpicado de ríos y cascadas, y con la omnipresente silueta del Yunque, una montaña con forma peculiar que se ha convertido en el símbolo natural de la ciudad. Esta geografía accidentada ha contribuido a que Baracoa conserve un aire de aislamiento y autenticidad, pero también la convierte en un destino ideal para quienes buscan naturaleza virgen, senderismo y aventuras fuera de los circuitos turísticos habituales.

El valor cultural de Baracoa es otro de sus grandes atractivos. Fundada en 1511 por Diego Velázquez, fue la primera villa establecida por los españoles en Cuba y conserva vestigios de ese pasado en su arquitectura colonial: pequeñas plazas, casas bajas de colores pastel y iglesias que parecen detener el tiempo. Las calles empedradas del centro histórico invitan a pasear con calma, a observar detalles arquitectónicos y a interactuar con habitantes que aún conservan tradiciones artesanales, desde la elaboración de tejidos hasta la producción de chocolate a partir del cacao local, que ha hecho famosa a la región.

La gastronomía local refleja también la singularidad de Baracoa. Platos tradicionales como el cucurucho, hecho con coco rallado, miel y otros frutos locales, o el pescado fresco preparado con hierbas autóctonas, permiten al visitante degustar sabores que difícilmente se encuentran en otras partes de la isla. Comer en Baracoa es mucho más que alimentarse: es una forma de sumergirse en la cultura y en la historia de la región, de saborear ingredientes cultivados en terrazas y montañas cercanas y de comprender la conexión profunda de sus habitantes con la tierra.

La naturaleza alrededor de Baracoa es un verdadero paraíso para el ecoturismo. Desde los bosques tropicales del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, declarado Patrimonio de la Humanidad, hasta las playas casi desiertas de Cajobabo o Maguana, la región ofrece un abanico de experiencias que combinan aventura y contemplación. Senderos que atraviesan ríos y cascadas, observación de aves endémicas y paseos en kayak por estuarios remotos convierten la visita en un viaje sensorial completo. Cada excursión revela un ecosistema que ha permanecido sorprendentemente intacto, ofreciendo al viajero la sensación de ser un descubridor en un territorio casi secreto.

Lo que distingue a Baracoa de otros destinos cubanos más masificados es precisamente esa mezcla de historia viva, naturaleza exuberante y cultura auténtica. Aquí no hay grandes resorts ni aglomeraciones; el turismo se vive de manera íntima, en pequeños hoteles familiares, casas particulares o eco-lodges, donde la interacción con los locales es directa y sincera. Cada paseo por sus calles, cada excursión por sus montañas y cada comida se convierte en una experiencia personal, diferente para cada viajero, marcada por la cercanía y la calidez de sus habitantes.

Visitar Baracoa es, en última instancia, un ejercicio de descubrimiento y de conexión. Es una invitación a mirar Cuba desde otra perspectiva, a valorar su diversidad geográfica y cultural y a entender que la autenticidad todavía puede encontrarse fuera de los circuitos convencionales. Para quienes buscan un destino diferente, lleno de historia, naturaleza y cultura viva, Baracoa ofrece un refugio extraordinario donde cada rincón cuenta una historia, y donde cada experiencia deja una huella imborrable en la memoria del viajero.

Bajo la superficie caribeña: los 5 mejores lugares para hacer snorkel en República Dominicana

Redacción (Madrid)

La República Dominicana es mucho más que una postal de arenas blancas y palmeras al viento: bajo la superficie de sus aguas cristalinas late un mundo marino rico y sorprendente. Para los amantes del snorkel, el país ofrece destinos diversos donde observar peces tropicales, corales y otras especies en hábitats naturales que compiten con cualquier rincón del Caribe. A continuación, te presentamos los cinco mejores lugares para sumergirte con máscara y tubo en esta isla caribeña.

1. Isla Catalina – un clásico imprescindible
Situada frente a la costa de La Romana, Isla Catalina es uno de los destinos más reconocidos para practicar snorkel en República Dominicana. Sus aguas claras y tranquilas albergan puntos emblemáticos como El Acuario y La Pared, donde la visibilidad es excelente y la vida marina abundante. Los arrecifes coralinos cercanos atraen a peces multicolores y hacen de esta isla un lugar ideal tanto para principiantes como para quienes ya tienen experiencia.

2. Isla Saona – naturaleza protegida y biodiversidad
Dentro del Parque Nacional Cotubanamá, Isla Saona ofrece un entorno submarino privilegiado, con aguas poco profundas y ricas en vida marina tropical. Es común avistar tortugas marinas, rayas y diversas especies de peces entre los arrecifes protegidos, lo que convierte a Saona en uno de los destinos de snorkel más completos del Caribe.

3. Bayahíbe y Playa Dominicus – puerta de entrada a maravillas marinas
En la costa sureste, Bayahíbe y la cercana Playa Dominicus constituyen excelentes puntos de partida para experiencias de snorkel accesibles desde la orilla. Las aguas tranquilas y los arrecifes situados a poca distancia hacen que ambos lugares sean perfectos para quienes desean explorar sin necesidad de embarcación, mientras descubren peces tropicales y formaciones coralinas.

4. Punta Rucia y Cayo Arena – joya del norte
En el extremo norte del país, Punta Rucia y el cercano Cayo Arena (también conocido como Cayo Paraíso) son conocidos por sus aguas cristalinas y bancos de arena rodeados de arrecifes poco profundos. La transparencia del agua y la abundancia de vida marina hacen de este destino un favorito entre los snorkelistas que buscan fauna colorida y paisajes submarinos espectaculares.

5. Playa Boca Chica y Sosúa – snorkel accesible desde tierra
Cerca de Santo Domingo, Boca Chica destaca por sus aguas protegidas y la presencia de arrecifes de coral que proporcionan un entorno seguro y atractivo para el snorkel desde la playa. Más al norte, Playa Sosúa (en Puerto Plata) combina aguas claras con fondos marinos llenos de peces tropicales. Ambos destinos son ideales para quienes buscan una experiencia de snorkel accesible y memorable sin alejarse demasiado de centros urbanos.

Desde islas protegidas hasta bahías tranquilas junto a la costa, República Dominicana ofrece una gama fascinante de puntos para explorar su vida submarina. Ya sea que busques recorrer arrecifes vibrantes o admirar especies marinas en aguas poco profundas, el snorkel en estas aguas caribeñas promete una aventura inolvidable bajo el sol.

Holguín: el destino cubano donde la naturaleza y el descanso se dan la mano

Redacción (Madrid)

Holguín se ha consolidado como uno de los polos turísticos más atractivos del oriente cubano, gracias a una combinación equilibrada de paisajes naturales, infraestructura hotelera y una atmósfera de tranquilidad que seduce a visitantes de todo el mundo. Conocida por sus extensas playas y su entorno verde, la provincia ofrece una alternativa más serena frente a otros destinos más concurridos del país.

Las playas de Holguín son, sin duda, su mayor carta de presentación. Guardalavaca, Pesquero y Esmeralda destacan por sus arenas claras y aguas transparentes, ideales tanto para el descanso como para la práctica de deportes acuáticos. Estos enclaves costeros cuentan con complejos turísticos bien integrados al entorno, donde el visitante puede disfrutar de comodidad sin renunciar al contacto con la naturaleza.

Más allá del litoral, Holguín sorprende con propuestas de turismo de naturaleza y aventura. Parques naturales, senderos ecológicos y miradores permiten explorar la biodiversidad de la región, mientras que excursiones organizadas ofrecen experiencias auténticas en entornos rurales y montañosos. Esta diversidad convierte a la provincia en un destino versátil, apto tanto para viajeros activos como para quienes buscan desconexión total.

La ciudad de Holguín complementa la oferta turística con una vida urbana tranquila y acogedora. Plazas arboladas, restaurantes locales y una escena cultural discreta pero constante brindan al visitante la oportunidad de conocer el ritmo cotidiano del territorio. La hospitalidad de sus habitantes es uno de los valores más apreciados por quienes eligen este destino.

En un contexto turístico cada vez más orientado a la sostenibilidad y a las experiencias personalizadas, Holguín se perfila como un lugar que apuesta por el equilibrio entre desarrollo y preservación. Su capacidad para ofrecer descanso, naturaleza y autenticidad la convierte en una opción sólida dentro del mapa turístico del Caribe, ideal para quienes buscan descubrir Cuba desde una perspectiva más pausada y natural.

Holguín se ha consolidado como uno de los polos turísticos más atractivos del oriente cubano, gracias a una combinación equilibrada de paisajes naturales, infraestructura hotelera y una atmósfera de tranquilidad que seduce a visitantes de todo el mundo. Conocida por sus extensas playas y su entorno verde, la provincia ofrece una alternativa más serena frente a otros destinos más concurridos del país.

Las playas de Holguín son, sin duda, su mayor carta de presentación. Guardalavaca, Pesquero y Esmeralda destacan por sus arenas claras y aguas transparentes, ideales tanto para el descanso como para la práctica de deportes acuáticos. Estos enclaves costeros cuentan con complejos turísticos bien integrados al entorno, donde el visitante puede disfrutar de comodidad sin renunciar al contacto con la naturaleza.

Más allá del litoral, Holguín sorprende con propuestas de turismo de naturaleza y aventura. Parques naturales, senderos ecológicos y miradores permiten explorar la biodiversidad de la región, mientras que excursiones organizadas ofrecen experiencias auténticas en entornos rurales y montañosos. Esta diversidad convierte a la provincia en un destino versátil, apto tanto para viajeros activos como para quienes buscan desconexión total.

La ciudad de Holguín complementa la oferta turística con una vida urbana tranquila y acogedora. Plazas arboladas, restaurantes locales y una escena cultural discreta pero constante brindan al visitante la oportunidad de conocer el ritmo cotidiano del territorio. La hospitalidad de sus habitantes es uno de los valores más apreciados por quienes eligen este destino.

Barahona: la puerta del sur que reclama su lugar en el desarrollo nacional

Redacción (Madrid)

Barahona, enclavada entre el mar Caribe y la imponente Sierra de Bahoruco, es una de las provincias con mayor riqueza natural de la República Dominicana, aunque también una de las más postergadas en términos de inversión y visibilidad nacional. Conocida históricamente como “La Perla del Sur”, esta ciudad portuaria ha sido testigo de importantes procesos económicos y sociales que han marcado el devenir de la región suroeste del país.

La economía barahonera ha dependido tradicionalmente de la agricultura, la pesca y la actividad portuaria, con productos emblemáticos como el café, el plátano y la caña de azúcar. Sin embargo, en las últimas décadas, la disminución de la producción agrícola y el cierre o transformación de industrias clave han generado un impacto significativo en el empleo local, obligando a muchos jóvenes a emigrar hacia otras provincias o al extranjero en busca de mejores oportunidades.

A pesar de estos desafíos, Barahona vive un renovado interés turístico impulsado por sus playas de aguas tranquilas, como El Quemaito y Los Patos, y por su cercanía a áreas protegidas de alto valor ecológico. La diversidad paisajística de la provincia, que combina costa, montaña y ríos, la posiciona como un destino con gran potencial para el ecoturismo y el turismo sostenible, aún en proceso de consolidación.

En el plano social, la provincia destaca por una identidad cultural fuerte y una población resiliente, que ha sabido preservar sus tradiciones a pesar de las dificultades. Festividades populares, expresiones artísticas y una gastronomía marcada por productos del mar y del campo reflejan el carácter auténtico de Barahona, donde la vida transcurre al ritmo de la solidaridad comunitaria.

Hoy, Barahona se encuentra en una encrucijada histórica. Con inversiones estratégicas, una planificación urbana adecuada y políticas públicas orientadas al desarrollo integral, la provincia podría convertirse en un eje clave del crecimiento del sur dominicano. El reto está planteado: transformar su enorme potencial en bienestar tangible para sus habitantes y en una historia de progreso sostenido para las futuras generaciones.

24 horas en Punta Cana: el espejismo caribeño que nunca duerme

Redacción (Madrid)

Punta Cana no se despierta: ya está despierta. A las seis de la mañana, cuando el sol comienza a dibujar una línea dorada sobre el Atlántico, el principal destino turístico de la República Dominicana se sacude la noche con la misma naturalidad con la que, horas después, volverá a vestirse de fiesta. Pasar 24 horas en Punta Cana es recorrer un territorio donde el tiempo parece comprimirse entre el lujo, la postal perfecta y una realidad local que late, a veces, fuera del encuadre.

06:00 – 09:00 | El Caribe en silencio

La primera hora del día pertenece al mar. Playa Bávaro, aún casi vacía, ofrece su versión más honesta: arena blanca sin huellas, palmeras quietas y un océano que cambia de azul con cada minuto. Los hoteles todo incluido preparan el escenario del día —desayunos bufé, piscinas relucientes, personal en movimiento— mientras algunos corredores solitarios aprovechan la brisa fresca antes del calor.

En los muelles, pequeñas embarcaciones se alistan para excursiones a Isla Saona o Catalina. El turismo, motor indiscutible de la región, empieza temprano.

09:00 – 13:00 | El engranaje turístico

A media mañana, Punta Cana entra en pleno funcionamiento. Autobuses trasladan visitantes entre resorts, campos de golf y parques temáticos. El destino se ha construido para la eficiencia del descanso: todo está pensado para que el viajero no necesite salir de su burbuja.

Pero basta desviarse unos kilómetros para encontrar otra cara. En Verón o Friusa, comunidades que sostienen gran parte de la mano de obra turística, la vida transcurre lejos del mar. Comercios pequeños, motocicletas, colmados y una actividad constante revelan el contraste entre el paraíso vendido y el país que lo hace posible.

13:00 – 17:00 | El mediodía del exceso

El sol cae vertical y Punta Cana se rinde al ocio. Piscinas abarrotadas, cócteles de colores imposibles y música que se repite en bucle. Aquí el tiempo se diluye entre hamacas y protector solar. Para muchos visitantes, este es el corazón del viaje: no hacer nada, hacerlo bien y hacerlo con vista al mar.

En altamar, catamaranes llenos de turistas bailan sobre las olas, mientras guías repiten historias aprendidas de memoria. La experiencia es estándar, pero eficaz.

17:00 – 20:00 | La hora dorada

El atardecer devuelve cierta intimidad. El cielo se incendia en tonos naranjas y rosados, y Punta Cana parece recordar por qué enamora. Parejas, cámaras en mano, buscan la foto perfecta. Es el momento en que el paisaje supera cualquier estrategia de marketing.

Los restaurantes se preparan para la noche: gastronomía internacional, fusiones caribeñas y precios que confirman que este no es un destino barato, sino rentable.

20:00 – 00:00 | El espectáculo

Cuando cae la noche, Punta Cana se transforma en escenario. Shows, discotecas, casinos y bares se activan con precisión. La diversión está coreografiada: horarios, luces, animadores. El visitante elige cuánto quiere participar, pero nunca está solo.

Fuera de los complejos, la vida nocturna es distinta, más discreta, más real. Trabajadores regresan a casa mientras otros comienzan turnos que terminarán al amanecer.

00:00 – 06:00 | El turno invisible

Mientras los turistas duermen, Punta Cana se mantiene en marcha. Limpieza, mantenimiento, logística. El paraíso necesita cuidados constantes para amanecer intacto. A las cinco, antes de que el sol vuelva a salir, alguien ya está arreglando la playa.

Puerto Plata sin romper el bolsillo: guía periodística para viajar barato al norte dominicano

Tamara Cotero

Puerto Plata, en la costa norte de la República Dominicana, ha vivido a la sombra del turismo todo incluido durante décadas. Sin embargo, lejos de los grandes resorts y de los paquetes cerrados, la ciudad y sus alrededores ofrecen una experiencia auténtica, accesible y sorprendentemente económica para el viajero atento al presupuesto. Viajar barato a Puerto Plata no solo es posible: es una forma inteligente de conocer el verdadero pulso del Caribe dominicano.

Llegar gastando menos

El primer ahorro comienza antes de aterrizar. El Aeropuerto Internacional Gregorio Luperón recibe vuelos directos desde varias ciudades de América y Europa, pero quienes buscan precios bajos suelen encontrar mejores tarifas con escalas o volando a Santiago de los Caballeros, a unas dos horas por carretera. Desde allí, los autobuses interurbanos y los taxis compartidos reducen notablemente el costo del traslado.

Para quienes ya están en el país, las guaguas (autobuses locales) y los servicios de transporte interurbano conectan Puerto Plata con Santo Domingo y otras ciudades por precios que rara vez superan lo que cuesta una comida en un restaurante turístico.

Alojamiento: más allá del resort

Aunque los complejos todo incluido dominan la imagen internacional de Puerto Plata, el viajero económico encuentra mejores opciones en hoteles pequeños, pensiones familiares y apartamentos turísticos. En el centro histórico, cerca del malecón o en barrios como Costambar y Playa Dorada (fuera de la zona hotelera de lujo), es posible dormir cómodamente por una fracción del precio de un resort.

Plataformas de alquiler vacacional y hostales locales permiten además negociar estancias largas, una ventaja para mochileros, nómadas digitales o viajeros que prefieren quedarse más tiempo gastando menos.

Comer bien y barato

La gastronomía es uno de los grandes aliados del viaje económico. Los comedores locales, conocidos como pica pollo o fondas, sirven platos abundantes de arroz, habichuelas, pollo guisado o pescado frito a precios muy bajos. Comer donde comen los locales no solo cuida el presupuesto, sino que ofrece una inmersión real en la cultura dominicana.

En los mercados y colmados se puede comprar fruta fresca, jugos naturales y snacks por centavos. El desayuno típico —mangú con huevo y salami— es barato, contundente y fácil de encontrar.

Playas y atractivos gratuitos

Puerto Plata tiene una ventaja clave frente a otros destinos caribeños: muchas de sus mejores playas son públicas y gratuitas. Long Beach, Playa Dorada (fuera de los complejos), Cofresí o Playa Sosúa permiten disfrutar del mar sin pagar entrada.

Entre los atractivos culturales de bajo costo destacan el Centro Histórico Victoriano, el malecón, la Fortaleza San Felipe y el teleférico al Pico Isabel de Torres, cuyo precio sigue siendo accesible y ofrece una de las mejores vistas del Atlántico.

Para los más aventureros, las excursiones a cascadas, ríos y comunidades rurales cercanas pueden hacerse sin tour organizado, usando transporte local y guías comunitarios, reduciendo el gasto y apoyando la economía local.

Moverse como local

El transporte dentro de la ciudad es barato y eficiente si se entiende el sistema. Los motoconchos (mototaxis) y los carros públicos conectan casi todos los puntos urbanos por precios fijos. Aunque no es el medio más cómodo, sí es el más económico y una experiencia cultural en sí misma.

Caminar es otra gran opción: Puerto Plata es relativamente compacta y muchas zonas turísticas están a corta distancia unas de otras.

Cuándo ir para ahorrar más

Viajar en temporada baja —entre mayo y noviembre, excluyendo semanas festivas— reduce significativamente los precios de vuelos y alojamiento. Aunque es época de lluvias ocasionales, el clima sigue siendo cálido y los días soleados son frecuentes.

Un Caribe accesible

Puerto Plata demuestra que el Caribe no tiene por qué ser exclusivo ni caro. Con planificación, flexibilidad y una mirada curiosa, es posible disfrutar de playas, cultura y gastronomía por un presupuesto ajustado. Más que un destino de lujo, Puerto Plata se revela como un lugar donde el viajero económico puede sentirse rico en experiencias.

24 horas en La Vega: el pulso de una ciudad que no se detiene

Redacción (Madrid)

La Vega, R.D. — La ciudad despierta antes que el sol. A las cinco de la mañana, cuando el cielo todavía duda entre la noche y el día, La Vega ya está en pie. El canto de los gallos se mezcla con el rugido temprano de los motores y el olor del café colado se escapa por las ventanas abiertas. Aquí, el tiempo no se mide solo en horas, sino en rutinas heredadas.

06:00 a. m. | El día comienza en el mercado
En el mercado municipal, los camiones descargan plátanos, yuca y auyama con la precisión de quien repite el gesto desde hace décadas. Los vendedores se saludan por el nombre; algunos clientes también. “Aquí todo el mundo se conoce”, dice Don Ramón, agricultor de Constanza que baja cada semana. La Vega es ciudad, pero conserva alma de campo.

09:00 a. m. | Tránsito, negocios y vida cotidiana
El centro hierve. Motoconchos zigzaguean entre carros, estudiantes caminan en grupos y los comercios levantan sus santamarías. En los bancos, las filas avanzan con paciencia caribeña. La Vega trabaja: oficinas públicas, talleres mecánicos, colmados que funcionan como centros de información no oficial. Todo pasa por el colmado.

12:00 m. | El mediodía aprieta
El calor cae sin contemplaciones. Los restaurantes populares sirven arroz, habichuelas y carne guisada; el almuerzo es sagrado. En las mesas se habla de política, de béisbol y de la vida cara. Nadie mira el reloj: el cuerpo sabe cuándo es hora de parar.

03:00 p. m. | La tarde baja el ritmo
Las calles se aquietan un poco. Algunos negocios cierran temprano, otros resisten. Los estudiantes salen de clase y llenan las aceras. En los barrios, los niños improvisan un juego con cualquier cosa que ruede. La ciudad respira.

06:00 p. m. | Fe y encuentro
Al caer la tarde, la atención se dirige a la iglesia. La Catedral Inmaculada Concepción recibe a fieles que llegan en silencio. La Vega es también devoción, especialmente cuando se habla del Carnaval Vegano, orgullo cultural que marca el calendario y la identidad local.

09:00 p. m. | Noche encendida
La ciudad no se apaga. Los bares suben la música, las frituras chisporrotean en la esquina y las conversaciones se alargan. Jóvenes y adultos comparten espacios distintos, pero el mismo deseo: terminar el día acompañados.

12:00 a. m. | La Vega duerme… a medias
Pasada la medianoche, el ruido baja, pero no desaparece. Algún motor rompe el silencio, un perro ladra a la luna. La Vega descansa con un ojo abierto, lista para volver a empezar.

La Habana: el lujo que se descubre sin prisa

Redacción (Madrid)

La mañana despierta en el Malecón con un sol dorado que se refleja sobre los clásicos descapotables. Desde el asiento de un Cadillac de los años cincuenta, restaurado con precisión artesanal, La Habana se revela como un destino donde el lujo no es ostentación, sino relato. Aquí, cada detalle cuenta una historia.

El viaje comienza en La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Alojarse en un hotel boutique instalado en un antiguo palacio colonial —como el Gran Hotel Manzana Kempinski o el Hotel Saratoga— ofrece una experiencia que combina arquitectura histórica con servicios de alto nivel. Desde terrazas privadas se observa la ciudad respirar, mientras el sonido lejano de la rumba marca el ritmo del día.

El lujo habanero continúa en la mesa. Restaurantes como La Guarida, San Cristóbal o Otramanera transforman ingredientes locales en propuestas de alta cocina cubana. No se trata solo de comer bien, sino de entender una cultura a través de sabores que mezclan tradición, creatividad y memoria. Un maridaje con rones añejos y habanos seleccionados completa una experiencia sensorial única.

Por la tarde, el viaje se vuelve más íntimo. Un paseo en yate por la bahía, con vistas privilegiadas del Morro y la Fortaleza de La Cabaña, redefine la idea de exclusividad. El silencio del mar contrasta con la energía de la ciudad, creando un momento de pausa que pocos destinos pueden ofrecer con tanta autenticidad.

Al caer la noche, La Habana se viste de gala. El Gran Teatro Alicia Alonso, con su elegancia neobarroca, abre sus puertas a funciones de ballet y música clásica. Para quienes prefieren un ambiente más contemporáneo, clubes privados y terrazas en El Vedado ofrecen jazz en vivo, coctelería de autor y vistas panorámicas de la ciudad iluminada.

Un viaje de lujo en La Habana no busca aislar al visitante de la realidad, sino acercarlo a ella desde el privilegio del tiempo y la atención al detalle. Es un lujo que se siente en la conversación con un habanero, en la cadencia de la música que se filtra por los balcones y en la sensación de haber descubierto una ciudad que no se muestra de inmediato.

Santiago de los Caballeros: el pulso productivo del Cibao que mira al futuro

Redacción (Madrid)

SANTIAGO, República Dominicana.— A los pies de la Cordillera Central, donde el verde del Cibao se mezcla con el humo persistente de las fábricas y el bullicio de una ciudad en expansión, Santiago de los Caballeros reafirma su lugar como el segundo núcleo urbano más importante del país y uno de sus principales motores económicos y culturales.

Fundada en 1495 y refundada en su actual emplazamiento tras el devastador terremoto de 1562, Santiago ha sabido reinventarse a lo largo de los siglos. Hoy, con una población que supera el millón de habitantes en su área metropolitana, la ciudad combina tradición y modernidad en una dinámica que la distingue del resto del territorio nacional.

Capital económica del norte

Conocida como la “Capital del Cibao”, Santiago concentra una parte significativa de la actividad productiva dominicana. La industria del tabaco —emblema histórico de la ciudad— continúa siendo un pilar clave: desde aquí se exportan algunos de los cigarros premium más cotizados del mundo. A este sector se suman zonas francas industriales, comercio, agroindustria y un pujante sector de servicios que ha encontrado terreno fértil en la ciudad.

El crecimiento urbano es visible en su skyline, cada vez más vertical, y en el desarrollo de centros comerciales, hospitales privados y proyectos inmobiliarios que reflejan una clase media en expansión. Santiago no solo produce: también atrae inversión y talento.

Corazón cultural del Cibao

Más allá de las cifras, Santiago se explica por su identidad. El Monumento a los Héroes de la Restauración, erigido en el punto más alto de la ciudad, no es solo un atractivo turístico; es un recordatorio permanente del papel central que jugó Santiago en la Guerra de la Restauración de 1863, episodio clave para la soberanía dominicana.

La vida cultural late en espacios como el Centro León, referencia nacional en arte, historia y pensamiento caribeño, y en una agenda constante de conciertos, teatro y festivales populares. El carnaval santiaguero, con sus diablos cojuelos de elaboradas máscaras, es una de las expresiones folclóricas más vibrantes del país.

Educación y movilidad social

La ciudad también se consolida como polo académico. Universidades como la PUCMM y la UASD recinto Santiago forman profesionales que alimentan el mercado laboral local y nacional. Este ecosistema educativo ha sido fundamental para la movilidad social y el fortalecimiento institucional del norte del país.

Retos de una ciudad en crecimiento

Sin embargo, el avance no está exento de desafíos. El tránsito congestionado, la presión sobre los servicios públicos y la necesidad de una planificación urbana más sostenible figuran entre las principales preocupaciones. Las autoridades locales enfrentan el reto de ordenar el crecimiento sin sacrificar calidad de vida ni patrimonio histórico.

Una ciudad que no se detiene

Santiago de los Caballeros es, en esencia, una ciudad de empuje. Orgullosa de su pasado, consciente de su peso económico y decidida a proyectarse hacia el futuro, la urbe cibaeña continúa marcando el ritmo del norte dominicano. En sus calles se respira trabajo, identidad y una ambición clara: seguir siendo clave en la historia que la República Dominicana aún está escribiendo.

Puerto Plata: la “novia del Atlántico” que seduce con historia, mar y montañas

Redacción (Madrid)

Puerto Plata, situada en la costa norte de la República Dominicana, es una ciudad con profundas raíces históricas. Sus orígenes se remontan a principios del siglo XVI: aunque hay distintas versiones, se acepta que fue formalmente fundada en 1502 bajo la administrativa del colonizador hispano Nicolás de Ovando.

Durante la colonización, Puerto Plata desempeñó un rol clave como puerto comercial de la isla: facilitaba la exportación de productos agrícolas y materias primas desde el fértil valle del Cibao y otras regiones del interior. Sin embargo, la ciudad sufrió tiempos difíciles: en 1606, durante las llamadas “Devastaciones de Osorio”, fue destruida intencionalmente —junto a otras zonas— como parte de una estrategia colonial para frenar la piratería.

No fue hasta alrededor de 1740 cuando se inició su repoblación, en buena medida gracias a familias provenientes de las islas Canarias. A lo largo del siglo XIX y XX, Puerto Plata recobró su importancia, incorporando influencias arquitectónicas europeas —especialmente del estilo victoriano— y desarrollando su puerto y su actividad comercial.

Geografía y entorno: mar, montañas y naturaleza

Puerto Plata se levanta entre el Atlántico y la cordillera septentrional, un entorno que le otorga una combinación especial: playas de arena dorada y aguas cristalinas, montañas exuberantes, valles fértiles y una selva tropical de trasfondo.

Uno de sus puntos más simbólicos es la elevación Isabel de Torres, una montaña desde cuya cima se domina la ciudad entera y la costa. Un teleférico turístico —el único de su tipo en buena parte del Caribe— permite ascender cómodamente para disfrutar de vistas panorámicas, pasear por su jardín botánico y admirar una réplica de una estatua de Cristo, que corona el lugar.

Turismo hoy: historia, playas, aventura y cultura

Hoy por hoy, Puerto Plata es uno de los destinos turísticos más emblemáticos de la República Dominicana. Su litoral consta de decenas de playas —algunas más tranquilas, otras perfectas para los deportes acuáticos—, cada una con su propio encanto. Entre las más destacadas se encuentran la Playa Dorada, Sosúa y Cabarete.

La mezcla de historia y naturaleza define el casco urbano: el centro histórico impresiona con sus edificaciones de estilo victoriano —balcones de madera, fachadas coloridas— y callejuelas que revelan siglos de historia colonial. Además, la Fortaleza San Felipe —una construcción del siglo XVI para defender la costa de piratas y corsarios— sigue en pie como museo y mirador, dominando la bahía con sus cañones frente al Atlántico.

Para los amantes del buceo y el esnórquel, las aguas dominicanas frente a ciertas playas y cayos constituyen un verdadero paraíso: arrecifes de coral, peces tropicales y aguas claras invitan a explorar bajo la superficie.

Pero Puerto Plata no es solo sol y mar: su entorno montañoso y ríos permiten actividades de ecoturismo, senderismo, excursiones en parajes naturales, una alternativa ideal para quienes buscan combinar relajación con aventura.

Culturalmente, la ciudad y la provincia han conservado valores compartidos de la herencia taína, española, africana y de inmigrantes europeos —visible en su música, su arquitectura, su gastronomía y sus fiestas populares.

Economía: desde la agricultura colonial hasta el turismo global

Históricamente, Puerto Plata funcionó como puerto clave para el comercio agrícola: productos como café, cacao, tabaco, caña de azúcar y bananos provenían del interior del país para ser exportados.

Actualmente, además del turismo —hoteles, playas, cruceros, deportes, historia—, la economía local sigue apoyándose en la agricultura, la ganadería, la pesca, y también en industrias relacionadas con alimentos y bebidas.

La apertura reciente de una terminal de cruceros moderna, Taino Bay Cruise Terminal, ha consolidado a Puerto Plata como uno de los principales destinos caribeños para visitantes en crucero, lo que impulsa aún más su perfil internacional.

Un destino con identidad propia — y presente global

Puerto Plata es, para muchos, la puerta de entrada al Caribe dominicano: no se limita a su historia colonial ni a sus playas, sino que ofrece una experiencia diversa: mar y montaña, historia y modernidad, descanso y aventura, cultura local y hospitalidad.

Desde sus casas victorianas en el centro hasta la brisa del Atlántico al atardecer, desde el teleférico hacia la cima de Isabel de Torres hasta los arrecifes sumergidos para bucear, la ciudad sigue seduciendo, reinventándose y recordando su pasado. En un mundo cada vez más conectado, Puerto Plata demuestra que todavía hay lugares donde la luz del Caribe se mezcla con la memoria, la naturaleza y la vida.