Redacción (Madrid)

En el corazón de Saskatchewan, lejos de las grandes ciudades y de los destinos turísticos más conocidos de Canadá, se encuentra Little Manitou Lake, un lago que parece sacado de un paisaje imposible. Situado junto a la pequeña localidad de Manitou Beach, este enclave es conocido por sus aguas extremadamente salinas, capaces de mantener a los bañistas a flote sin apenas esfuerzo. A pesar de su singularidad, continúa siendo un destino relativamente desconocido para muchos viajeros internacionales.

La peculiaridad del lago se debe a su elevada concentración de minerales. Alimentado por aguas subterráneas y sin un desagüe natural, la evaporación ha provocado que las sales se acumulen durante miles de años. Su concentración mineral alcanza aproximadamente 180.000 miligramos por litro, una característica que explica su extraordinaria flotabilidad. El fenómeno ha hecho que Little Manitou Lake sea conocido popularmente como el «Mar Muerto de Canadá».

Pero Manitou Beach no vive únicamente de su lago. El entorno conserva una curiosa mezcla de naturaleza, ocio y patrimonio histórico. Uno de sus símbolos es Danceland, un histórico salón de baile construido en 1928 que todavía conserva su particular pista de baile sobre una estructura de crin de caballo. También existen galerías de arte, senderos, actividades deportivas y un autocine, elementos que mantienen vivo el carácter de pequeño refugio turístico que adquirió la zona durante el siglo XX.

La historia del lugar también está ligada a las creencias sobre las propiedades de sus aguas. Desde hace siglos, diferentes comunidades indígenas conocían y utilizaban el lago, mientras que durante el siglo XX su fama atrajo a visitantes de otras regiones de Canadá. Con la llegada del ferrocarril, Manitou Beach llegó a convertirse en un importante destino vacacional, con hoteles, balnearios y espacios de entretenimiento. Aunque aquella época de esplendor quedó atrás, parte de ese patrimonio permanece visible actualmente.

Para quienes buscan una Canadá diferente, Little Manitou Lake ofrece precisamente eso: un paisaje alejado de los tópicos de montañas, bosques y grandes ciudades. Aquí la experiencia consiste en flotar sobre un lago salado mientras las inmensas praderas de Saskatchewan se extienden alrededor. Su combinación de naturaleza, historia y rareza geológica convierte a Manitou Beach en uno de esos lugares que no suelen aparecer en las primeras páginas de las guías turísticas, pero que pueden convertirse en uno de los recuerdos más sorprendentes de un viaje por Canadá.

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